miércoles, 3 de diciembre de 2014

Pintura y prostitución 2

Flores de guerra
Escena de burdel. Nicolaus Knüpf
Pintura y prostitución 2
Una esclava en venta. José Jimenez Aranda. 1.897


En una entrada anterior, “Pintura y prostitución” hablé de cómo la mirada artística penetra en los intersticios que toda realidad tiene y los devela, mostrando de ese modo, en algunos casos, caras que las convenciones sociales quieren ocultar.
Es lo que sucede cuando abordan a las personas, mujeres, en prostitución. Las imágenes no hablan del estereotipo: de la vida fácil, del placer, del “porque les gusta”.
Detenernos en los colores, en los músculos que descienden, las miradas, la falta de ropa cubriéndolas en contraposición a quienes tienen el poder, los puteros, nos permiten penetrar en una parte, aunque pequeña, del interior de esas mujeres y de su situación.
Algunos artistas reflejaron con claridad que ellas son parte de la marginación. Comparten con los desocupados, los abusados, los explotados, los sinnúmero, su andar por el mundo buscando como sobrevivir. Excrecencias del capitalismo que necesariamente deja cada vez más personas al costado de la ruta que nos dijeron lleva al triunfo.
Las mujeres que nacen y crecen en una sociedad que las ha destinado para otros, para ser procreadoras, para ser mujeres de…, para sostener el bienestar del hombre, para que este recupere las fuerzas que necesita para volver al trabajo, para procurar su placer y virilidad, son ellas las condenadas a vivir a costa de sí mismas, de su propia vida.
No es posible hablar de prostitución-trata de personas sin al mismo tiempo hablar del sistema económico, de la sociedad. La prostitución no es genética, no aparece espontáneamente sino que es consecuencia de relaciones de poder. Por este motivo es perfectamente evitable, no debe existir para siempre, para eso es necesario modificar estas relaciones de desigualdad y marginación.

Recordemos que:
“Considerando que la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de la familia y de la comunidad”
Naciones Unidas. Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena


Las putas. Alfonso Melo
Las putas. Alfonso Melo
Las putas. Diego Perrota 2.010
Las putas de Goya. Roberto García Márquez
Prostituta 2. Manuel Adrianzén

Princesas profesionales. Pedro Roca Sánchez

Prostituta. Pedro Sillero López
Prostituta con gato. Sandro Israel López Cortes
Prostituta. David Garrigues Herrera



Putas tristes.Albagm
Putas tristes 2. Albagm
Mimí Pinzón
Esta noche me emborracho. Agustín Riccardi
Ramera
Todas putas. Nuria Fortuny
Waiting. Nuria Fortuny
La conversación de las putas.Alex Ceball
Carlos Nine
Carlos Nine
Dos putas sentadas. Osvaldo Baldi
El burdel. Carlos Jean Jaques
El cafishio
Escena de burdel. Eduard Munch 1.907
Escena de burdel. Carlos Jean Jaques
Friné o trata de blancas. Débora Arango
Inés Lalane
José Ansalone
Mancebía. Grabado medieval
Nocturno. Romero de Torres
Obligada a prostituirse. Aksel W.Johannessen
Progreso de una prostituta.William Hogarth
Retrato de una cortesana. Caravaggio
Sociedad de las prostitutas. Juan Eriberto Pozo Ipanaque
Tonalli Melo Rosas
Toreros en un burdel. Eduardo Vicente
Vividoras del amor. Julio Romero de Torres
Brothel scene. Erich Schutz
Trata de blancas. Joaquín Sorolla
   
Prostituta cansada. Maita Arriaga Arrizabalaga
                     
Puta violeta
       
Prostituta. Julio César Rodriguez Jaimes




Carlos Nine

             
Stop, zona de prostitución.Gustavo Vázquez King
        
German brothel in Ghent.Alexander Szekely
Prostituta.Pedro Fabio Veras

martes, 2 de diciembre de 2014

George Grosz




George Grosz                               

“Realista como soy, me sirvo de la pluma y el pincel principalmente para dibujar lo que veo y observo, y eso casi nunca es romántico, sino prosaico y poco placentero. El diablo sabe cómo ocurre: si uno mira con atención, hombres y objetos aparecen miserables, desagradables y, frecuentemente, absurdos o ambivalentes. Mi observación crítica siempre es una suerte de pregunta sobre el sentido, el fin y el objeto… pero rara vez hay una respuesta satisfactoria. Por eso hago mis dibujos a modo de respuesta. ¡Sobrios y sin secreto! Así pasan los hombres unos al lado de otros… donde estuvieron quedan lugares vacíos; con los medios de que dispongo intento captar esto”.
George Grosz


George Grosz, seudónimo de George Ehrenfried , nace en Berlín, Alemania, el 26 de julio de 1893. Entre 1909 y 1912 estudió en la Academia de Dresde, y entre 1912 y 1917 en la Academia de Artes y Oficios de Berlín (Kunstgewerbeschule), con la intención de convertirse en dibujante de historietas. También se dedicó en esa época a copiar obras de maestros clásicos, en especial las de Rubens a la vez que realizaba unos dibujos muy personales para periódicos y revistas satíricas, utilizando para ello la caricatura.

En 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, Grosz se alista en la infantería del Ejército Alemán, en un regimiento de granaderos. En  1916 se le licencia, según se dijo por motivos de salud física, aunque es posible que el verdadero motivo fuera un shock psicológico del que tuvo que recuperarse en un Hospital Militar.
Muere el 6 de julio de 1959.

Utilizó el humor como medio de denuncia de un mundo que, a través de su clarividencia ya veía en los años 20 como una amenaza.
En pinturas, dibujos, litografías muestran  lo que ve de su Alemania de posguerra, pone en claro la violencia e hipocresía.

Evolucionó desde dibujos caricaturescos hacia visiones urbanas apocalípticas y violentas con una politización bastante clara. Se integró en el ala izquierda del movimiento que se denominó Neue sachlichkeit
Durante los años veinte su estilo artístico expresó su disgusto por la Alemania de la posguerra. La ciudad se convirtió en el tema central de su obra. Su lenguaje  incisivo y profundamente crítico tenía como base su penetrante observación.
Reflejó la mezquindad y fealdad de la vida contemporánea, la crueldad de la guerra, las desigualdades y abusos de poder, y la falta de respeto por las libertades individuales que llevó al nazismo. Es por ello que su obra contiene una lección válida aún para el mundo actual.

Sus escenarios son calles, bares, tugurios, cuarteles y sus personajes son prostitutas, borrachos, asesinos, soldados heridos, mutilados de guerra sin piernas o sin narices, prostitutas marcadas por la enfermedad, veteranos mendigando, traficantes del mercado negro envueltos en pieles lujosas, drogadictos, idiotas frenéticos, suicidas, criminales sexuales y descuartizadores,  también uniformados que balean a trabajadores indefensos, desocupados, sobrevivientes del hambre y la miseria.



En esos dibujos hay una importantísima crítica social que se enfrenta a la despiadada avidez de los burgueses y hombres de negocios vulgares, cuya miseria se oculta tras una capa de respetabilidad. Los tres pilares del orden: capitalistas, militares y clero contemplan sin intervenir el caos que ellos mismos provocaron.

Se podría decir que su obra es una radiografía de nuestro tiempo, de cualquier ciudad importante en la que convive la opulencia y la exclusión, el derroche y la necesidad. La violencia está en lo que se ve y también en todo el entorno que la origina. El contraste de las clases sociales y su lucha.
Nunca cejó en su visión desde una izquierda revolucionaria lo que casi lo llevó frente a un pelotón de fusilamiento. Las imágenes de Ecce Homo se reunieron en un libro de gran tirada y acarrearon a Grosz un proceso por “difusión de escritos inmorales” en 1923 y otro por “blasfemia” en 1928.
El último tuvo lugar en diciembre de 1930 y el artista se defendió así:
“Quería protestar (con Ecce Homo) contra este mundo de destrucción recíproca. Con frecuencia me sentía como una pared que devolvía el grito sangriento e inhumano del mundo que me rodeaba… y si se me acusa a mí, se está acusando a la época, sus atrocidades y su depravación, su anarquía y su injusticia”.
En la exposición itinerante organizada por los nacionalsocialistas en 1937, llamada Entartete
Kunst [Arte degenerado], se muestran veinte obras suyas. Durante la época nazi, alrededor de 285 obras de Grosz desaparecen o fueron destruidas.
Debió abandonar Alemania en 1932, a los 39 años, cuando el nazismo en alza terminó considerándolo “el bolchevique cultural número uno”.
Su pintura es un grito que denuncia una sociedad hipócrita y sumisa, que  acepta como natural  al crimen y a la prostitución como parte la división de clases.

La prostitución es puesta en este marco, de contrastes y violencia, en el lugar de la extrema desposesión, la del propio cuerpo. Es la figura en un fondo de  infernal  salvajismo. Lejos del supuesto glamour es parte de las excrecencias de la sociedad mercantilista capitalista. Nuevamente el cuerpo de la mujer expuesto, un cuerpo para otros, para aquellos que aparecen vestidos y adornados con su poder.




 Algunas fuentes consultadas:
http://www.avizora.com/publicaciones/biografias/textos/textos_g/012_grosz_george.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/George_Grosz

http://revistas.ucm.es/index.php/ANHA/article/viewFile/ANHA0606110339A/31122





































Plano tatliniano. 1920

Suicidio. 1916


El lejano oeste.1916

Belleza a ti quiero alabarte. 1919




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