viernes, 15 de marzo de 2019

Historias del porno: Brutales relatos de la realidad


Testimonios de prostitución



Historias del porno: Brutales relatos de la realidad
Por: Alonso Martínez
8 de septiembre, 2018

Las actrices sonríen y dicen que se divierten, pero estos testimonios afirman que detrás de cámaras todo es humillación y degradación.

Quizá la pornografía no es completamente mala. Sin embargo, con la forma en la que ha evolucionado en los últimos años se ha transformado en algo completamente sádico y violento, en especial para las actrices que son engañadas para entrar a la industria. Aunque cada vez existen más trabajos feministas que se preocupan por el bienestar de sus actrices, el mainstream cada vez es más machista y brutal con sus actrices, transformando la forma en que las personas piensan sobre el sexo.

Por ese motivo, ahora existen más voces de mujeres que fueron parte de la industria que hablan abiertamente sobre cómo funciona el negocio y la forma en que fueron humilladas y agredidas durante sus participaciones. Los siguientes testimonios revelan esa cruda realidad, y cómo aunque todo en pantalla parece consensuado y emocionante, detrás existen oscuras historias de abuso y desesperación.

Los siguientes testimonios son tomadas de las fuentes citadas en el artículo y de diferentes entrevistas que realizaron ex-actrices.

*Las imágenes son parte de la cinta A Serbian Film y su único propósito es el de ilustrar estos relatos.

Alex

«Una película tuvo la escena más atemorizante, deprimente y brutal que he hecho. He tratado de quitarlo de mi memoria por el severo abuso que recibí durante la filmación. El actor tenía un odio natural en contra de las mujeres, en el sentido de que siempre ha sido más brutal de lo que se requiere. Accedí a hacer la escena, pensando que me iba a pegar solamente una vez en la cabeza. Si te das cuenta, él usó un anillo de oro sólido todo el tiempo y siguió golpeándome con él. Detuve la escena a la mitad porque me dolía demasiado»

Alexa
«Como la mayoría de las actrices porno, dije esta mentira; era una de mis cosas favoritas para decir cuando me preguntaban si me gustaría hacer una escena en particular. «¡Sólo hago lo que me gusta! ¡No haría algo si no me gustara!» (Lo decía con una falsa sonrisa y me reía) ¡Qué mentira! Hice lo que tenía que hacer para "trabajar" en el porno. Hice lo que sabía que me ayudaría a ganar "fama" en la industria».


Jessi
«Fue la cosa más horrible, vergonzosa y degradante. Tuve que filmar un DVD interactivo, lo cual tarda horas y horas de filmación, mientras tenía fiebre de 104 grados (Fahrenheit). Estuve llorando y me quería ir pero mi agente no me dejó. Dijo que no me podía dejar flaquear. También hice una escena en la que me pusieron con un actor que estaba en mi "lista de no". Quería complacerlos, así que lo hice. Él me pisó la cabeza [...] Me asusté y comencé a gritar. Dejaron de filmar y me enviaron a casa con una paga reducida porque tenían sólo un poco de la toma y no toda la escena».

Andi
«Después de un año de 'la vida glamourosa' tristemente descubrí que las drogas y la bebida eran parte del estilo de vida. Comencé a beber y estuve en fiestas hasta que se salió de control. La cocaína y el éxtasis eran mis favoritas. Después de un poco, me convertí en alguien que no quería ser. Después de hacer tantas escenas hardcore, no pude seguir. Sólo recordé estar en situaciones horribles, experimentando depresión extrema, estando sola y triste».



Regan
«Me rompieron la cara. Muchas de las chicas estaban llorando porque de verdad estaban adoloridas. Yo no podía respirar. Me pegaban y ahorcaban. Estaba muy alterada y ellos no se detenían. Siguieron filmando. Les pedí que apagaran la cámara y siguieron filmando».

Jessie
«La gente en la industria del porno están entumecidos en la vida real y son como zombies caminando. El abuso que sucede en la industria es increíble. La forma en que estas jovencitas son tratadas es realmente enfermizo y parece como un lavado de cerebro. Lo dejé por el trauma que experimenté aunque sólo estuve un corto periodo de tiempo. Salí con mucha gente de la industria, desde chicas contratadas hasta las gonzo. Todos tienen el mismo problema. Todos están drogados. Es un estilo de vida vacío tratando de llenar un vacío. Me hice adicta a la heroína y al crack. Casi entro en sobredosis. Tuve momentos en los que me amenazaron con cuchillos. Me han golpeado casi hasta morir».



Genevieve
«El abuso y la degradación fue dura. Sudé y estaba en un horrible dolor. Además de la experiencia horrorosa, todo mi cuerpo me dolía y estaba molesta todo el día. Al director no le importaba cómo me sentía. Sólo quería terminar el video».

Molly
«Fui forzada a entrar al porno por un chulo de Ft. Lauderdale. Me envió en un avión a Nueva Jersey para filmar "abuso facial". El manager de "abuso facial" me violó después de la escena y me dio dinero para no denunciarlo. Aún no tengo propiedad del video. Mi manager se gastaba alrededor de 100 dólares al día para mantenerme drogada».



Anónimo
«Las actrices jóvenes sin experiencia son estafadas por agentes que les dicen que estarán haciendo escenas sencillas, cuando en realidad llegan y son brutalizadas para crear contenido que está claramente hecho para hombres que odian a las mujeres. La industria sabe sobre esto, pero como los creadores siempre tienen control sobre los actores, fingen que no pasa nada».

Elizabeth
«Me forzaron a recibir fluidos corporales en mi cara o en cualquier lugar a donde el productor quisiera, y si yo no aceptaba, no me pagaban. A veces tenías una escena en la que el productor cambiaría lo que tendría que ser normal a algo más intenso, y si no te gustaba te decían: "Si no te gusta, muy mal, lo haces o no te pagamos».



Estas mujeres no dejaron la industria o accedieron a participar porque tenían miedo de quedarse sin dinero. De hecho, se dice que cada vez son más defraudadas por los negocios en Internet y sólo se les paga si sus videos tienen éxito. De igual forma, se les adentra en el mundo de las drogas para que sigan gastando y se mantengan trabajando. Asimismo, muchos testimonios revelan que existen fuertes peligros de enfermedades de transmisión sexual pero la industria decide ignorarlo y mentirle a las personas. Es una industria oscura que, aunque puede que tenga sus esquinas donde sí existe seguridad para los involucrados, se aprovecha de las mujeres, usándolas como objetos que pueden ser brutalizados, desechados y reemplazados en tan sólo un segundo.

Fuente
https://culturacolectiva.com/cine/historias-del-porno-actrices-violencia-humillacion?fbclid=IwAR10c6heBtqmEBLHXqIX6IVJso9hrBouXugB8uOiBDdzTpM5IsHYwgy7fcI

Nota: las imágenes son del original










jueves, 14 de febrero de 2019

"Mi madre me metió con 14 años en un prostíbulo creyendo que estaba haciendo lo mejor para mí"



Testimonio de prostitución



"Mi madre me metió con 14 años en un prostíbulo creyendo que estaba haciendo lo mejor para mí"
Irene Hernández Velasco
Especial para BBC News Mundo
12 febrero 2019


Beatriz Rodríguez ejerció la prostitución por más de 20 años.


Cuando sólo tenía 14 años, la colombiana Beatriz Helena Rodríguez Renfigo fue llevaba a un burdel por su madre.

Sí, por su madre. Y allí se quedó. Ha estado prostituida más de 20 años, saltando de un establecimiento de venta de sexo a otro.

"Yo solo hacía lo que me enseñaron a hacer de pequeña, lo único que sabía hacer", cuenta a sus 50 años, con los ojos empañados de lágrimas al recordar el horror por el que pasó.

Le llevó toda una vida conseguir salir de ese mundo que describe como una "auténtica tortura".

"El mismo hombre que te hace puta, en otro barrio es un marido y un padre"
"Si el sexo fuera un deporte, tendría muchas medallas de oro": la vida en un burdel de EE.UU. cuyo futuro se decidirá en las próximas elecciones
Pero lo logró. Junto con otras 20 compañeras de burdel aprendió a hacer chorizos y montó una empresa de preparados cárnicos que les permitió obtener ingresos suficientes como para dejar la prostitución.

Hoy Beatriz es una de las principales activistas colombianas contra la prostitución. Es directora de ASOMUPCAR, la asociación de mujeres productoras de cárnicos del departamento de Caquetá, en el sur de Colombia.

Se trata de una organización que ayuda a las mujeres explotadas sexualmente a salir de ese mundo.

Beatriz participó en Madrid en un congreso internacional sobre prostitución organizado por la Coalición contra la Trata de Mujeres y la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres. Y en ese escenario compartió su historia con BBC Mundo en esta entrevista.


Usted tenía 14 años cuando su mamá la metió en un prostíbulo…

Sí, así fue.

Si no me equivoco, el motivo fue porque usted había perdido la virginidad con un novio.

Tal cual. A mi madre la criaron así, pensando que una señorita que no salía de su casa virgen, casada, vestida de blanco y con mantón largo ya no valía nada.

Mi madre consideraba que no podía entregarle a la sociedad a una mujer, una niña, que no estuviera casada, y a mí no me podía entregar casada porque yo ya estaba "brinconeando".

Así que, como Pilatos, se lavó las manos y me entregó a mi tía, la hermana de mi papá, que era dueña de un prostíbulo. Le dijo: "Mira, aquí está esta muchacha, yo ya no tengo nada que hacer con ella, yo ya le dije, ya la advertí, la aconsejé, pero eso no le vale nada. Así que ahí se la dejo".

Mi tía le respondió: "Váyase tranquila 'mija' para la casa que yo sí sé qué hacer con la niña". Y me dejaron allá, en esa situación.


¿Cuánto tiempo ha estado prostituida?

22 años estuve, toda mi vida. Tuve tres hijos, imagínese. Y los crié a los tres en prostitución. A los 16 tuve a mi muchachita, a los 20 tuve el muchachito y a los 24 tuve a la última. Obviamente, no sé quiénes son sus padres.



La familia de Beatriz decidió meterla en la prostitución luego de encontrar que había perdido la virginidad.


¿Qué es lo peor de ser prostituta?

Todo, todo. Ser prostituta es una tortura, supuestamente consentida porque hay dinero. Pero es una tortura permanente, las 24 horas del día, siete días a la semana, embarazada, con el periodo, enferma, de post parto…

Es una tortura, día y noche, un día tras otro. Es una tortura el vestirse, el tenerse que arreglar, que bañarse, que sonreír, que ponerse la minifalda, los tacones… Una tortura consentida por dinero.

Precisamente, porque hay dinero por medio, a las prostitutas no se las suele considerar como víctimas…

Sí, una violada, por ejemplo, tiene la ruta de atención, y sí, fue un episodio muy doloroso de su vida el haber pasado por una violación. Pero una prostituta pasa por eso diez, quince, hasta veinte veces al día.

A mí me toco. Cuando estaba en situación de prostitución en Caquetá, eran veinte veces al día. Yo terminaba con mi vagina así de hinchada, echándome en las noches vaselina o alguna crema refrescante para poder dormir.

Y si no puedes dormir no importa, porque igual tienes que madrugar lo mismo. Todo el día, todo el día. Yo no sé qué es lo peor: si es el abuso de tu cuerpo, la penetración de tu alma, la entrega de tu ser… No sé.


¿Y usted cómo hizo para sobrevivir a todos esos años de tortura?

No pensándolo, no analizándolo. Lo único que te planteas es: me toca hacerlo, y punto.


Usted consiguió salir de la prostitución. Si no me equivoco, gracias en parte a la exalcaldesa de Florida, la capital de Caquetá, Lucrecia Murcia.

Sí. Siendo candidata a la alcaldía ella iba a los negocios, iba a los prostíbulos, trasnochaba tratando de convencernos, de sacarnos de ahí.

Nos dio esa primera oportunidad, creyó en nosotras. Y nosotras ese miedo y ese dolor que sentíamos logramos vencerlo y logramos salir.




En la actualidad, Rodríguez aboga para que se conozcan los horrores que viven las mujeres sometidas a la prostitución.
Fuimos cualificándonos y fue a través de la cualificación y del conocimiento de nuestros derechos quelogramos salir y convertirnos en la plataforma social que hoy somos en Colombia.



Usted y sus compañeras de prostíbulo aprendieron a hacer chorizos y montaron una empresa de derivados cárnicos, ¿verdad?

Sí. Hoy tenemos varias empresas en los 16 municipios del departamento de Caquetá en las que empoderamos y damos trabajo a las mujeres que estamos permanentemente rescatando de allí, de la prostitución.

Y también nos hemos convertido en operadores de algunos servicios del Estado, administramos recursos importantes de infancia y adolescencia y de adulto mayor. El tema de las mujeres, por desgracia, no está muy desarrollado en mi país, es muy difícil que dejen presupuesto para eso.


¿Qué le diría a los que aseguran que la prostitución es un trabajo que se elige voluntariamente y que debería regularse como un oficio más?

No, no, no, no, no. Eso no es un trabajo, y hay que seguir diciéndolo y gritándolo. Hay que sacar de nuestro vocabulario y sobre todo de nuestras cabezas que la prostitución sea un trabajo.

Y no, no se puede regular. ¿Cómo se va a regular, pregunto yo, cuantas veces me penetran por el culo, cuántas por la vagina, cuántas mamadas tengo que hacer, cuántos castigos tengo que soportar?

No, eso no es un trabajo, y no se puede regular. La prostitución es un delito contra la humanidad, contra las mujeres que la sufrimos.


¿Usted ha temido alguna vez por su vida?

Claro, todo el tiempo. Yo vivo, sobrevivo, en una región donde convergen todos los actores armados. Tenemos sobrepoblación de hombres armados con poder, tenemos a los narcotraficantes, las bandas, los paramilitares, la guerrilla, el ejército…

Tenemos más de 28.000 hombres armados en nuestra región. Así que todo el tiempo tememos por nuestra vida.

En muchos momentos, en el transcurso de estos 20 años de acompañamiento a otras mujeres que quieren salir de la prostitución, nos ha tocado hacer negociaciones con los diferentes grupos armados de mi región.




Para Beatriz Rodríguez la prostitución es "un delito contra la humanidad".


¿También ha temido por su vida cuando estaba en la prostitución?

¿Cómo no? Siempre. El peligro es siempre inminente en la vida de las putas. Y más en un contexto violento, armado, con narcotráfico como el que yo vivo: la vida de las putas ahí no vale nada. Se paga todo con la vida.

Y el cuerpo de las mujeres se convierte en el botín de guerra de los guerreros. Se hace daño a la mujer, a la querida, a la moza, a la amante del otro con el que se está en contienda.

Se trata de matarla, de torturarla, para que el otro sienta que yo tengo más poder.


¿Por qué a muchos hombres les parece aceptable pagar a cambio de sexo?

Porque ese es el valor que nos dan a las mujeres. Nos consideran cosas que se pueden usar, abusar y comprar.


Hay países que castigan a los hombres que compran sexo con multas. ¿Qué le parece?

Creo que ayuda. Todas las estrategias que se puedan utilizar contra este delito, que es un monstruo con todas las caras, con toda la plata del mundo, están bien.


¿Cómo se podría acabar con la prostitución?

No sé si estoy siendo muy ingenua, pero creo que un comienzo sería el desarrollo de nuevas masculinidades, de nuevas relaciones entre hombres y mujeres y la puesta en marcha de programas de prevención que metieran en el currículo primario de nuestros niños y nuestras niñas el tema de los derechos de las mujeres y de los hombres como actores sociales responsables.

Hay que comenzar a cambiar la mentalidad que viene impresa en nuestros niños y nuestras niñas de que las mujeres tenemos que estar al servicio de los hombres.


Junto a otras compañeras exprostitutas, Rodríguez creó una empresa de cárnicos que ahora emplea a otras mujeres que tratan de comenzar una nueva vida.


Algunas exprostitutas hablan de los burdeles como campos de concentración.

Yo nunca lo había comparado, pero cuando lo escuché me puse a reflexionar y sí, donde yo estuve toda mi vida y donde hoy están muchísimas mujeres son campos de concentración.


¿Se siente estigmatizada por haber sido prostituta?

Sí, señora. En mi región todavía se siente la estigmatización, y más por la parte de las mujeres que de los hombres.

A los hombres no les importa, les importa un culo: la conocí, la usé, la pagué y se acabó. Para las mujeres no, las mujeres no perdonan que una haya sido puta.

Sobre todo lo veo en las instituciones, entre las mujeres con algún poder: "ay, ya viene esa puta", "ya está esa vieja, qué pereza", "ahorita le damos todo y sigue jodiendo"...


¿Qué tal es la relación con sus hijos? ¿La apoyan?

Sí. Ellos saben, me apoyan y trabajan todos en mi asociación. Tengo una hija que es psicóloga, la otra es pedagoga y el chico también trabaja con nosotros.


¿Ha conseguido perdonar a su madre por meterla con 14 años en un prostíbulo?

Creo que nunca la culpé. Ella creyó que estaba haciendo lo mejor para mí, que me estaba enseñando un oficio. Ella fue criada en una cultura patriarcal, y consideró que lo que hizo era lo que tenía que hacer.

Nunca la culpé, de hecho hoy ella vive conmigo y yo la sostengo económicamente en su vejez. No, nunca la culpé.

Fuente
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-47205323

Nota: las fotos están en el original







La redención de M: de hacer porno con Torbe y acabar en un prostíbulo a ser voluntaria de la Cruz Roja

Testimonio de prostitución

Esta nota bien puede parecer extrema, un caso singular pero no común. Si salimos de los estereotipos que el marketing prostibulario y el patriarcado nos han impuesto descubriremos que es mucho más común de lo que creemos, que las niñas y mujeres que son ingresadas (digo son porque ninguna se despierta una mañana diciéndose "soy puta" y sale a la ruta, siempre y en todos los casos hay alguna persona que oficia de captadora) viven historias muy parecidas de entregas, traiciones, violaciones. Los testimonios de cientos de ellas también narran como es la pornografía, como los estrellatos son simples máscaras para que el proxeneta, pornógrafo, ganen más dinero, pero los dolores de ellas están más allá de sus famas.
Con estas historias entramos al mundo de la muerte, del daño, de convertir seres humanes en objetos para el placer de un otro.  Esto es lo que los "sindicatos" ocultan y disfrazan de glamour, esto es lo que no denuncian, nunca ven como tampoco ven a las niñas que son violadas mediante pago.
Mientras esto sucede la sociedad que se alimenta de esta destrucción, piensa en comprarse otro teléfono móvil, ver un programa entretenido, o ir de vacaciones llevando una película porno para motivarse.
Alberto B Ilieff




La redención de M: de hacer porno con Torbe y acabar en un prostíbulo a ser voluntaria de la Cruz Roja
QUICO ALSEDO
7 FEB. 2019 09:21

Fue testigo protegido y quiso que cazaran al productor por abuso de menores pero no lo logró

TP3, la ex novia despechada que denunció (injustamente) a Torbe y consiguió meterle en prisión

De Gea a la chica de Torbe: "¿Pero puedes con todos?"

"Mi historia no es fácil de contar. Así que imagino que tampoco será fácil de entender. Hay partes que no me puedo explicar ni yo, preguntas que me hago todos los días, y no tengo una respuesta.
Tengo 29 años. Viví parte de mi infancia en centros de menores. Al parecer mi madre no podía encargarse de mí. Luego conseguí trabajos, aquí y allá. Un día, mi novio me dijo que un amigo ofrecía trabajo de camarera en Madrid.

Fui allí con mi DNI y con mi móvil. Tenía 19 años. No tenía ni para comer, la verdad. Ahí me forzaron a trabajar como actriz porno contra mi voluntad. Durante varios meses grabé escenas con actores muy conocidos, y tuve sexo con futbolistas y actores famosos.

Luego viví tres años secuestrada. En un prostíbulo de Murcia. Donde sufrí todo tipo de enfermedades. Anorexia incluso. Mientras me obligaban a tener sexo con centenares de hombres. Hasta que la Guardia Civil, un día, tiró la puerta abajo. Soy una chica normal, juro que lo soy, pero mi vida ha sido de todo menos normal.

Por todo esto que me ha pasado he intentado irme de este mundo varias veces. Cortarme las venas, atiborrarme de pastillas. Por suerte, no lo conseguí. A veces no sé muy bien cómo he llegado hasta aquí. Sólo con la ayuda de alguna gente, muy poca gente. Pero he llegado. Y he llegado viva.
Quiero contar lo que me ha pasado, y que se puede salir. Ahora, desde hace varios meses, tengo una pareja que me quiere. Tengo un trabajo. Tengo una vida, en un pequeño pueblo, permítanme que no les diga dónde, porque aún siento miedo. Al periodista que firma esto, por ejemplo, ni siquiera le he llegado a ver en persona. A Madrid, por ejemplo, nunca voy sola. El miedo aún me paraliza a veces. Pero, por primera vez en mi vida, todo encaja, me siento fuerte. Miro atrás y el vértigo es tan enorme...

Quizás hayan leído sobre mí en la prensa. Yo fui la Testigo Protegido 3 en la instrucción contra el productor pornográfico Torbe, Ignacio Allende. Nadie puede imaginar lo injusto que es que los vídeos que me obligaron a grabar aún estén en Internet. Que la gente los pueda ver sin saber que ésa que sale ahí no soy yo, porque mi voluntad no está ahí junto a mi cuerpo.

Mis denuncias no han sido tenidas en cuenta por el juez, que no se ha creído que yo estuviera secuestrada. Pero yo sé qué pasó, y sé que es verdad. Si tengo que contar cómo pasó todo, tengo que empezar por el principio. Por mi infancia.

Yo nunca conocí a mi padre. Nos abandonó al nacer. A mi hermana y a mí. Es increíble cómo la mente borra los recuerdos, sobre todo los buenos, tristemente. A la que sí he conocido, demasiado, es a mi madre. De niña, la Comunidad de Madrid le quitó mi tutela varias veces. Durante algún tiempo pensé que fue porque no podía darnos de comer. Ahora sé que es depresiva, que tiene muchos problemas de personalidad. Tuve que hacerme adulta para darme cuenta de que es una persona tóxica. Los psicólogos me recomendaron que cortara todo contacto con ella, y desde entonces puedo vivir. Ahora debo perdonarla. No puedo decir que le tenga cariño. No puedo ni mirarla a los ojos. Me transmite frialdad, envidia y malestar.

Mi madre sólo quería de mi hermana y de mí que trabajáramos para ella. Que le diéramos dinero para que no tuviera que trabajar. Si aparecía con un amigo en casa, me decía que me fuera, me ponía las maletas en la puerta. Te culpabilizas todo el rato. Es durísimo, no tienes a nadie. Estás sola en el mundo. Siempre me he sentido así, la verdad.

Yo dejé el colegio a los 15, para ayudar a mi madre. Fui jardinera, trabajé en un McDonald's. Luego mandé fotos a una agencia de Madrid, y empecé a hacer cosas para Telva y L'Oreal. Me llamaron para un casting de la TV, y salí un poco en Quién quiere casarse con mi hijo. Yo era muy de estar en Internet y de hacer amistades por el ordenador. Un día conocí a un chico, Pablo. Fue por Tuenti. Se presentó como bombero de la Comunidad de Madrid. Nos intercambiamos los números. Me llamaba, me escribía.Empezó a venir al pueblo. Comiámos y estábamos ahí.


Inocente, le conté que tenía problemas de dinero. Teníamos una relación de pareja. Un día apareció un amigo suyo, David. Él fue el que me dijo que buscaban una camarera en Gran Vía. Yo no tenía nada. Mi madre, que en ese momento estaba con ella, también estaba en paro. Así que para allá me fui con David. Iba muy nerviosa, pero él me decía que no me preocupara, que seguro que me cogían, que era muy guapa.

David me mete en el piso y desaparece. Quien aparece es Torbe, que me dice que me siente. Me explica: «Mira, esto no es lo que te habían contado». Intenté irme, pero fue imposible. Como declaré luego ante la Policía, él me coaccionó y me humilló. Me dijo que tenía que rodar escenas con él. Me puso un nombre artístico. Fueron tres meses. Rodé con estrellas del porno, fui de viaje a Barcelona, di entrevistas en las que dije lo que él me dijo que tenía que decir.

Yo hacía todo aquello contra mi voluntad. Sé que es difícil de creer para quien vea las imágenes, pero es así. Lo he hablado mucho con mi psicóloga, que me ha salvado la vida. No entiendo si me daban algo para anular mi voluntad, es cierto que nos daban agua en botellas pequeñas siempre al rodar, no sé si podría llevar algo dentro... Pero esa que sale ahí no soy yo. Me hicieron rodar escenas de sexo con 50 hombres. Incluso él creó la ficción de que yo era su novia... Al final pude escaparme del piso de Gran Vía, en un descuido.

Volví a casa de mi madre, que ni siquiera había denunciado mi desaparición. Yo no podía ni hablar. No denuncié porque, la verdad, pensé que ellos podían venir a por mí, hacerme daño. Cuatro días después volví a encontrarme con Pablo, el chico del principio. Estaba tan bloqueada que no vinculé una cosa con la otra. Le dije: «Fíjate lo que me ha pasado, mira dónde me llevó tu amigo». Él decía que no entendía nada. Mi madre me echó de casa, y Pablo me dijo que me podía ofrecer un trabajo, en Murcia.

No pasa el día en que no me pregunte cómo me metí dos veces en la misma historia. Ni yo misma lo sé. Era muy inocente, pensaba que todo el mundo era bueno, no imaginaba que nadie quisiera hacerme daño. No sabía dónde meter la ira y la rabia por lo que había pasado. Cuando llegué a Murcia me encontré la misma movida, pero esta vez encerrada. Era una casa de citas.

Ahí tenía que acostarme con hombres sí o sí. Pablo era el que llevaba el negocio. Tenían una escopeta, una pistola Tascher. Los hombres venían buscando mi nombre artístico, el que me puso Torbe como reclamo. Yo no podía actuar. Estaba todo el día medicada, anoréxica, llegué a pesar 43 kilos, tuve muchas enfermedades de transmisión sexual. Pablo, después de terminar con los clientes, me forzaba, me metía el puño, abusaba de mí junto a otras chicas. Venían marroquíes, sudamericanos, te hacían de barbaridades, te humillaban...

Todas las chicas pasaban, menos yo. Cada noche venía una nueva. Gracias a que un vecino escuchó mis gritos y alertó, entró la Guardia Civil. Fue el 19 de octubre de 2016. Nunca olvidaré cuando llegaron los Bomberos. Pasé allí tres años. Sufrí cada día.

Pero el juez no me creyó, quizás porque cuando me tomaron declaración yo desvariaba. Tampoco a los vecinos. No sé cómo Pablo consiguió hacer desaparecer todo, incluso la escopeta, su ordenador, los datos de internet. Por cierto, desde aquí quiero agradecer al presidente Pedro Sánchez que al menos creyera en nosotras cuando denunciamos lo que pasó con los futbolistas. Le honra.

Volví a casa de mi madre, que volvió a insultarme y machacarme, y vino la Policia a tomarme declaración por el tema de Torbe. De nuevo, los jueces no me dieron crédito. No se creen que estuviera secuestrada. Y comprendo que es difícil de entender, pero es lo que pasa cuando psicológicamente te controlan, cuando se te imponen.

No quiero olvidar lo que sucedió. De hecho, busco testigos de lo que me hicieron, si alguien me puede ayudar. Pero tengo que vivir. Y lo estoy consiguiendo. Desde hace siete meses no hablo con mi madre. Tengo una pareja que me ha aceptado aún con lo que me pasó, él y su familia.Estudio y trabajo ayudando y curando a los demás, hago osteopatía. Soy voluntaria en Cruz Roja. Es como si hubiera vuelto a nacer.

Hace poco descubrí que mi madre se había dedicado a la prostitución. Me lo confirmó un amigo suyo, con el que me he criado, el que hizo un poco de padre en mi infancia. Todo me cuadra ahora: la vida de mi hermana y mía siempre era ella, ella y ella. Nos quería por el dinero, no tuvimos ninguna vida social, no tuvimos nada.

Un día, hace unos meses, encontré una maleta que mi madre tenía con unas cartas que le había enviado mi padre. En ellas salía el nombre de mi tía. Me dio por poner su nombre en Facebook, y la localicé. De ahí llegué hasta mi padre, y he podido conocerle. Vive en Getafe, ya no trabaja. Le cuidan sus hermanas, tengo tres tías, hermanos, sobrinos... Más vale tarde que nunca. Es mi padre. Soy su hija".

Fuente


Nota: las negritas están en el original.








viernes, 25 de enero de 2019

La historia de cómo me vendieron a un hombre chino y me convertí en traficante de mujeres


Testimonio de prostitución
Señora B

Este artículo en muchos momentos me hizo recordar el síndrome de Estocolmo, aquel que surge cuando una persona que piensa que objetivamente su vida peligra, que está totalmente a merced de otra y es tratada por su raptor con algún gesto cordial. Ese trato con apariencia de humanidad alivia la tensión interna, hace renacer alguna esperanza de que no se la hará sufrir o se la matará. Esto también hace que se olvide la situación real de trata, de secuestro, incluso el inicio que puede haber sido extremadamente violento. El síndrome desarrolla un sentimiento que se puede confundir con amor hacia su raptor. proxeneta.tratante e incluso se llega a adoptar sus valores y justificar todas sus acciones.
 
Burdel, foto diariocronica.com.ar

La historia de cómo me vendieron a un hombre chino y me convertí en traficante de mujeres

La señora "B" asegura que pensaba que la trata de personas era algo por lo que todas las mujeres norcoreanas debían pasar. Ella fue víctima de la trata y acabó convirtiéndose en traficante. Aquí te contamos su historia
China
La señora "B" fue vendida a un hombre chino y después ella también se dedicó a vender mujeres. (CINESOFA vía BBC).
BBC Mundo
15.12.2018 /
"Me eché a llorar. Era tan injusto... Me presentaban a hombres cuando yo ya tenía esposo e hijos en Corea del Norte. Siento que me metí en este embrollo porque nací en el país equivocado".

La señora "B" tenía 36 años cuando fue "vendida" a un hombre chino, en el 2003.
Cruzó la frontera entre Corea del Norte y China pensando que trabajaría cuidando a ancianos.
Al menos eso es lo que le dijo un traficante.
Pero resultó ser una mentira.
Su intención era ganar dinero durante un año y regresar a casa.
De esa manera podría ayudar a su esposo y a sus dos hijos, que estaban en Corea del Norte.
Tener un nuevo marido no era, ni mucho menos, lo que estaba en sus planes.

- Vendida a un hombre chino -
En Changchun, en la provincia china de Jilin (norte), ella y otra mujer norcoreana fueron presentadas a cinco hombres chinos.
Luego, el traficante le dijo: "Vive con un hombre chino durante un año y luego huye".
Ahora el cineasta Jero Yun ha hecho una película sobre la "Sra. B" que incluye todas las peripecias de su vida.

Una de las curiosidades de la película, titulada "Mrs. B, A North Korean Woman" ("Sra. B, una mujer norcoreana"), gira en torno a cómo desarrolló afecto hacia el hombre chino al que la vendieron.
Vivieron juntos durante 10 años.
Pero hay más.

- Convertirse en traficante de personas -
Aunque fue víctima de la trata de personas, ella también se convirtió en traficante: vendía mujeres norcoreanas a hombres chinos.
En una entrevista reciente con el servicio coreano de la BBC, afirmó que el número de mujeres que vendió es aproximadamente 50.
Cruzó la frontera entre China y Corea del Norte y luego la frontera entre China y Laos para llegar a Corea del Sur, y todo para poder mantener unida a su familia norcoreana.
Pero la relación entre ella y su marido norcoreano se rompió.
A pesar de ser un país libre, dice que Corea del Sur "la repugna" más que hacerla feliz.

- De la vida real a la pantalla grande -
Pero, desafortunadamente, su historia no es inusual.
La trata de personas es algo por lo que muchas mujeres norcoreanas pasan cuando intentan escapar del Estado comunista de Corea del Norte.
Muchas mujeres terminan dando a luz a niños gestados con los hombres chinos a los que fueron vendidas y se quedan con ellos.
Además, muchos norcoreanos que van a Corea del Sur dicen que se arrepienten de haber ido, y algunos incluso emigran a otro país.
Pero, ¿qué pensaba ella del hombre al que la vendieron?

- ¿Un romance inesperado? -
"Creo que es afecto. Cariño entre dos personas": así es como la "Sra. B" describe sus sentimientos hacia su marido chino (el hombre al que la vendieron) cuando le preguntaron si pensaba que se trataba de "amor".
"Realmente nunca pensé que fuese amor. Es solo que es muy comprensivo, una buena persona", añadió.

La "Sra. B" explicó que pocas personas hablaban de "amor" en la China rural donde ella vivía con su esposo.
En Corea del Norte, las conversaciones sobre amor también brillaban por su ausencia.
La película se centra principalmente en la relación con su marido chino, al que califica como cariñoso.
En la película aparece tratando de hacerla sentir mejor con una sonrisa cuando ella está enojada.
También la ayuda a prepararse para cruzar la frontera entre China y Laos, y confía en que una vez que se haya establecido en Corea del Sur, hará que él vaya con ella.

A la gente le sorprende la idea de que la trata de personas pueda acabar en un romance inesperado.
"Le dije que podía tener hijos pero que no quería tenerlos porque ya los tenía en Corea del Norte, y él me dijo que le parecía bien. Me sentí muy agradecida. Es decir, ¿quién no lo estaría?", dijo la "Señora B".
"Me sentía responsable, este hombre no tenía hijos por mi culpa, así que mis hijos y yo estaremos a su lado cuando fallezca", aseguró.



- Lo que la película no cuenta -
La "Sra. B" en realidad llevó a China a sus hijos norcoreanos, además de a su marido norcoreano, para vivir con ellos, aunque eso no sale en la película.
En 2009, llevó a su hijo mayor a China. Vivió con ella y con su marido chino durante tres años, pero no se adaptó bien. La "Sra. B" finalmente lo ayudó a irse a Corea del Sur.
En 2013, la "Sra. B" también ayudó a su hijo menor y a su esposo norcoreano a irse a Corea del Sur, pero antes fueron a China y estuvieron con ella y su esposo chino durante 40 días.
Durante un período la Sra B., su marido chino, su marido norcoreano y su hijo pequeño dormían todos en la misma habitación. (CINESOFA vía BBC)
"En realidad, todos dormíamos en la misma habitación: yo, mi esposo chino, mi esposo norcoreano y mi hijo menor", dijo.
"¿No te parece romántico?", bromeó.

- "Solo una de ellas" -
La "Sra. B" dice que el 80% de las mujeres norcoreanas son víctimas de la trata de personas cuando huyen de Corea del Norte.
Y que ella es "solo una de ellas".
(Ni Corea del Sur, ni Corea del Norte, ni China tienen estadísticas oficiales sobre cuántas mujeres norcoreanas son víctimas de la trata de personas).

La "Sra. B" no se convirtió inmediatamente en traficante vendiendo a otras mujeres norcoreanas en China.
Inicialmente, dijo, trabajó en una granja, donde ganaba el equivalente a US$9 al mes.
Trabajó en la granja durante dos años. Se encontraba con su familia norcoreana en la frontera entre China y Corea del Norte con la ayuda de un traficante para darles dinero.

- El contrabando de mujeres norcoreanas -
Se sorprendió de lo débil que estaba su marido norcoreano, y fue entonces cuando comenzó a trabajar vendiendo mujeres norcoreanas.
"Sentí que tenía que hacer algo para salvar a mi familia", dijo.
"Necesitaba ganar más dinero. Pero no tenía nacionalidad ni identidad en ese momento y no había muchas cosas que pudiera hacer para ganar mucho dinero".
De 2005 a 2010 vendió alrededor de 50 mujeres norcoreanas a hombres chinos.
Reconoció que era "trata de personas", pero enfatizó que no las engañó (como ocurrió con ella en 2003) y que esas mujeres estaban de acuerdo con el trato.
En ese sentido, aseguró que las había ayudado a encontrar una forma de vivir.
"Las mujeres norcoreanas que huyeron del régimen no tienen a nadie en quien confiar".
"Pero si las pongo en contacto con hombres, pueden casarse y vivir seguras. Si viven en las calles, las atraparán y las enviarán a una prisión en Corea del Norte".
Dijo que dividía el dinero entre ella y las mujeres (vendidas).

También traducía al chino las preguntas que querían hacer las mujeres a la familia china a la que las estaban vendiendo. Por ejemplo, para aclarar los términos del matrimonio o para enviar dinero a la familia de la mujer en Corea del Norte todos los meses.

Pero ¿se siente culpable de haber sido víctima y luego traficante?
"Pensé que la trata de personas es algo por lo que todas las mujeres norcoreanas debían pasar", respondió.
"Me engañaron, pero al menos estas mujeres sabían en qué se metían. Es posible que hayan sentido resentimiento, pero no tanto como yo", agregó.

- En sus zapatos -
Además de vender mujeres norcoreanas a hombres chinos, la "Sra. B" también trabajó como traficante enviando norcoreanos a Corea del Sur.
Dijo que había enviado a al menos 50 norcoreanos a Corea del Sur. Y, esta vez, tuvo que ponerse en sus zapatos.
"Hice la misma ruta que hizo mi hijo menor hace dos meses. Me había dicho que era muy dura y me aconsejó que llevase muchas manzanas en la mochila", recordó.
"No puedo describir lo duro que fue. Se me rompía el corazón al pensar por qué los norcoreanos tenemos que pasar por todo esto tan difícil para sobrevivir".
El cineasta y director Jero Yun, quien la acompañó en su fuga de China al Sudeste Asiático en camioneta, a pie y en tractor, le dijo al servicio coreano de la BBC: "Era físicamente muy difícil para mí, con solo una cámara y por mi cuenta, retratar todos los detalles del tumultuoso viaje".

- "Drogar a un bebé" -
"Aunque no pude rodar mucho, ese viaje me dio la lección más importante de toda mi vida", dijo.
En la película, cuando el grupo de desertores cruza la frontera entre China y Laos a pie, un bebé que está en el grupo comienza a llorar desconsoladamente, y todos entran en pánico.
Aunque en la película no se ve, la "Sra. B" reveló que terminaron drogando al niño.
No tenían otra opción, ya que hubiesen podido atrapar a todo el grupo, aseguró.
De Laos hasta Bangkok fueron acostados en la parte trasera de un tractor para evitar que los viesen las autoridades.
Esta parte del viaje se ve en la película: Yun también está acostado y graba el cielo, claro y azul.



- Sin final feliz –
La "Sra. B" le prometió a su marido chino que una vez que se estableciera en Corea del Sur haría que él también fuese. Pero eso no sucedió.
Llegó a Corea del Sur en enero de 2014 y, durante un interrogatorio de los oficiales de inteligencia de Corea del Sur, la consideraron sospechosa de espionaje.
El origen de la sospecha era que una vez había vendido una droga norcoreana, conocida como "hielo", en China.
La "Sra. B" reconoce que lo hizo una vez para ganar dinero.
Los funcionarios de inteligencia de Corea del Sur alegan que el beneficio que obtuvo de la venta fue para el gobierno de Corea del Norte y que, por lo tanto, existe la posibilidad de que sea una espía, si bien ella niega esa acusación.
No obstante, el gobierno de Corea del Sur clasificó a la "Sra. B", así como a su esposo, como "norcoreana no protegida", lo que significa que no van a recibir ayudas como dinero para asentarse, subsidios de vivienda o formación profesional.
Corea del Sur otorga el estatus de "no protegido" a los desertores norcoreanos que tienen antecedentes penales, a los que vivieron en China durante al menos diez años o a los desertores norcoreanos que no solicitaron asilo en el año siguiente a su llegada, entre otros.
En el caso de la "Sra. B", el Ministerio de Unificación de Corea del Sur aseguró a la empresa de comunicación surcoreana News Tapa que a ella y a su esposo se les dio el estatus de "no protegido" porque ambos vendieron drogas ilegales.
La "Sra. B" afirma que su marido nunca tuvo absolutamente nada que ver con las drogas.

La cantidad de norcoreanos que huyen del país ha descendido notablemente desde la llegada al poder de Kim Jong-un hace siete años, según Seúl.

Además, alega que gastó todo el dinero que ganó vendiendo droga y que, por lo tanto, no hay motivos para que los funcionarios de la inteligencia surcoreana sospechen que era una espía.
Los dos presentaron una demanda contra el gobierno de Corea del Sur.
En este proceso, el marido chino de la "Sra. B" se casó con otra mujer.

- Solo amigos -
Pero siguen en contacto "como amigos", cuenta la "Sra. B", mostrando un mensaje de texto que él le envió la mañana de la entrevista.
La "Sra. B" le envió fotos de la película.
"La mayoría de las veces me escribe para pedirme perdón. Eso es porque él es el que me traicionó", dijo.
Ahora la "Sra. B" trabaja en un bar en Yangpyeong, en el este de Seúl, vendiendo café.
Y explica que aceptó por dinero que el director Yun la grabara.
"En ese momento el dinero lo era todo para mí, pero ya no pienso así", manifiesta.
"Sacrifiqué todo por mis hijos. Pero ahora que tengo más de 50 años quiero vivir para mí misma, persiguiendo mi felicidad. Ya no quiero tener nada que ver con el tráfico y el contrabando".

Fuente
https://elcomercio.pe/mundo/asia/historia-me-vendieron-hombre-chino-luego-me-converti-traficante-mujeres-escapaban-corea-norte-noticia-588066









Hipersexualidad forzada


Testimonio de prostitución


Alessandra Luna
HIPERSEXUALIDAD FORZADA

Por fin se escuchan las voces de les niñes violades y abusades.
En nuestro colectivo de sexo genero disidente la proporción es alarmante, dentro del mismo un 80% somos abusades/ violades en nuestra niñez pre y adolescencia. Un total horror.
Busque info y no había por lo que senti la responsabilidad de hacer un pequeño trabajo de relevamiento en una muestra en infancias pre adolescencias y adolescencias nuestras y es alarmante, un 80% de nosotres somos abusades. Luego en nuestras pre adolescencias nosotras mismas naturalizamos y justificamos nuestra hipersexualizacion forzada "xq somos re putites". Pero los grandes y a mi me han tocado muchos hombres y algunas mujeres no dejan de ser abusadores.
El 80% también son cercanos y un 20% el mas peligroso de ambos es el de desconocidos q te llevan de la plaza de una estación de la vereda...

Alessandra Luna

También la cantidad de abusos es directamente proporcional a la intensidad con que se nos note ese "salir" de la norma por nuestra performatividad.
Y a contrapartida se encuentran para combinarse también de manera directamente proporcional la potencialidad de disciplinamiento en cada persona que oficia de "policía sexual" en nuestros cuerpos.
Las pre adolescentes trav trans por ejemplo, y desde más pequeñas también, tenemos continua e intensa vida sexual con adultos. Cosa que nosotras mismas naturalizamos "xq somos re putitas" depositando toda la responsabilidad sobre nosotras y no sobre el adulto abusador. Y en la adultez con la prostitución lo reforzamos, sosteniendo que ese 80% de nuestro colectivo que subsiste en situación de prostitución lo hace porque realmente lo disfruta, la lectura oculta seria que somos un colectivo hiper sexualizado que les gusta tener sexo con 10 o 15 tipos por noche sin parar y de #paso ganar dinero. Otra vez nos encontramos ante otra Hipersexualizacion Forzada Social que recarga la decisión/culpabilidad/estigmatización sobre el individuo.
Volviendo a la niñez pre y adolescencia, somos un blanco fácil porque callamos porque no tenemos con quien hablar, porque nos van a culpar o desmentir. Porque pensamos que por ser diferentes merecemos eso.
Yo entre mis 6 y 18 años recibí muchísimos abusos de adultos. Más intensamente entre los 8 y 10 años. Y no solo de las mismas frecuentes personas sino de muchos. Y que pasaba ? Era un congreso de abusadores que me toco en esos años? Porque no solo el abusador del barrio...sino unas 30 personas en esa franja e incontables mayores luego de entre mis 12 y 18 ya perdí la cuenta. Pero seguro 4 por dia. Aclaro que yo viviendo en Guernica viajaba a capital rateándome del colegio o simplemente por vaguear como todo adolescente. Pero en el viaje del tren capital o constitución 3, 4 y a veces hasta 5 tipos me bajaban del tren para meternos x ahí a tener sexo. Yo no dejaba de ser menor d edad y ellos adultos. Pero había algo que me llevaba a acceder, sentía que "era mi lugar" que "merecía eso" lo naturalizaba. Esa desgracidamente fue mi epistemología , porque no tenía educación sexual para mi en la escuela, como mucho solo se hablaba de heteros. Tuve malas experiencias cada tanto alguno q me quería hacer daño etc. Sobreviví.
Pero entre los 8 y 10 no tenía ni idea de q se trataba todo.
Es ese disciplinamiento social que nos hipersexualiza forzadamente a determinados colectivos nos hace naturalizarlos y autonaturalizarlos.




Por fin hoy se puede hablar... Yo ya a los 45 años...



Por eso no dudemos de les niñes y en general de las víctimas de violencias sociales físicas sexuales etc
Por eso
#YoSiTeCreo











Graciela Collantes: “Que nos reconozcan como trabajadoras sexuales no nos va a poner en un lugar de igualdad “

Testimonio de prostitución


Graciela Collantes: “Que nos reconozcan como trabajadoras sexuales no nos va a poner en un
lugar de igualdad “





Graciela Collantes participó del panel “Prostitución, ¿Abolicionismo o reglamentarismo?” en la Semana de las Disidencias organizada por la Comisión de Géneros y Disidencias JVG, en el Instituto Joaquín V. González. Graciela fue fundadora de AMMAR y hoy preside la asociación civil AMADH, Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos. “Me alegro que hoy el debate esté acá. Yo no estoy para cuestionarle a ninguna compañera el cómo se llame. Simplemente estoy para que hagamos entre todos cumplir el abolicionismo. Porque el abolicionismo es una herramienta de derechos humanos que nos ayudó a todas las sobrevivientes y a todas las personas que hoy tienen que sobrevivir de la prostitución, a levantar la voz y a empezar a reconocernos. El abolicionismo es el único que propone en la Argentina cumplir con los derechos fundamentales de todas las personas en la prostitución”

“Un problema de las putas”
“Por primera vez me toca un panel con tantas jóvenes” se alegra. “Escucharlas para mí es como una batalla ganada, que hoy estemos aquí y podamos debatirlo, porque hace 23 años parecía que era un problema de las putas únicamente. Que las putas tenían que zafar del proxeneta, que las putas tenían que zafar de la represión, que las putas tenían que pedir al Estado políticas públicas.”

Graciela Collantes nació en Tucumán, en un contexto de pobreza y vulnerabilidad. Por ese motivo fue presa fácil de la trata de personas. “No fui esa característica víctima que secuestran, fue otra forma, hay distintas formas de captación. Hoy por hoy la mayoría de las captaciones son por las redes sociales.” Graciela se considera una sobreviviente de trata y tráfico de personas, y también sobreviviente de la situación de prostitución. “Estuve de los dos lados. Cuando pude zafar del proxenetismo, no teníamos una ley siquiera para denunciar. Primero tuvimos que batallar para tener una ley contra la trata, y eso nos llevó junto al feminismo un montón de años. Imagínense, todas las víctimas que pudimos zafar en los noventa, no tuvimos Ley de Trata. No pudimos denunciar. Me considero una sobreviviente de verdad, porque hoy me doy cuenta, mirando 23 años hacia atrás, ¿Cómo pude soportar? ¿Cómo pudimos soportar?”



De perseguidas a trabajadoras
Graciela cuenta cómo fue el inicio de la lucha contra la represión policial. “En 1995 empezamos a juntarnos, y a hablar en los lugares donde podíamos: adentro de los calabozos, en las esquinas, adentro de los patrulleros donde nos llevaban detenidas. Así nos llevó a esto de plantarnos y a defendernos con nuestros cuerpos, que era la única herramienta que teníamos en ese entonces para parar las represiones, para zafar del proxenetismo y empezar a denunciar. Pero no nos importó. Nosotras cuando nos organizábamos, cualquiera que venía y nos ofrecía ayuda, aceptábamos. Encontramos un lugar donde nos empezamos a reunir, la Central de Trabajadores Argentinos.

“Bievenidas compañeras, ustedes son trabajadoras como nosotros, trabajadoras sexuales”, relata que les decían, y ellas quedaron admiradas. “Que nos reconozcan trabajadoras después de haber estado comiendo mierda adentro de los calabozos, con cero educación que teníamos, que me llamen trabajadora para mí era la lucha ganada.” Así comenzaron a visibilizar y a denunciar.” Nos sirvió el paraguas político como trabajadoras sexuales en ese tiempo. Pero después empezamos a discutir entre nosotras, diciendo ‘¿vos sos trabajadora?’ entre nosotras en las esquinas. Hasta que llegamos a hacer una asamblea con Diana Maffía y otros compañeros de la CTA, que hablaban de que nos convenía convertirnos en un sindicato, para tener todos los beneficios que tiene cualquier trabajador o trabajadora.” En ese momento empezó una discusión interna.

“Imagínense ustedes, reconocer qué doloroso, después de que nos decíamos trabajadoras, empezar a mirar qué nos había pasado en nuestra historia, por qué estábamos en esta situación. Empezamos a escuchar los derechos de las personas, cuando empezamos a empoderarnos y a decir ‘¡Nosotras tenemos derechos!’ ¡Hasta ese entonces no sabíamos! ¡y nadie se preocupó de enseñar, porque ese era un tema ‘de las putas’! Por eso yo digo: no nos va a cambiar, y  no nos va a poner en un lugar de igualdad que nos reconozcan como trabajoras sexuales. Porque nosotras ya hicimos ese recorrido. ”



El abolicionismo como herramienta de Derechos Humanos
“En el 2003 nos separamos del grupo de la CTA y nos constituimos en AMADH. Trabajamos y desde ahí levantamos la bandera abolicionista. ¿Qué es el abolicionismo de la prostitución? Pedir políticas de inclusión para las mujeres que quieren salir de la prostitución, con formación laboral y educación. Para eso nuestra organización hizo un centro educativo adonde las mujeres, travestis trans pueden ir que está en el barrio de Once, y tenemos también un centro de formación laboral. Por más que nosotras queramos diseñar políticas públicas, este sistema es inmenso. Y el mismo sistema va generando nuevas putas, renovando el plantel, entonces todos los días ingresan más putas al sistema. Cuando hay una desocupación tremenda, cada día estamos más expuestas a quedar sin trabajo.”
“La explotación sexual y la trata de personas están contempladas dentro de una una ley, que logramos nosotras dentro del abolicionismo. Las pocas derogaciones de los artículos de códigos de faltas también las logró el abolicionismo. La última, la derogación del artículo 68 del código de Buenos Aires, fue una de las contravenciones más represivas que quedaban. Nos costó mucho porque ya en el 2003 lo empezó Diana Sacayán a denunciar, y nosotras la terminamos el año pasado. Todo basado en los derechos humanos, y dentro del abolicionismo.”

“La ley de trata no se toca, porque la ley de trata no es punitiva, no es persecutoria (hacia las personas en prostitución), eso es el discurso que está saliendo hacia afuera con complicidad de algunos medios de comunicación. Hace poco salió la última nota, diciendo que las abolicionistas éramos buches, que las abolicionistas éramos vigilantas. Eso es quizá la derrota, que me siento herida y me siento perseguida. ¿De qué lado están cuando me dicen a mí ‘yuta’ o me dicen ‘vigilanta’? ¿Por qué, porque vigilanteamos en los prostíbulos la explotación? ¡Voy a seguir siendo yuta, si es por eso!” exclama, y la sala entera la aplaude.

Fuente:
Graciela Collantes: “Que nos reconozcan como trabajadoras sexuales no nos va a poner en un lugar de igualdad “





Navidades prostituida, pero sin ninguna noche buena


Testimonio de Prostitución
Ambar IL

6 Diciembre 2018
Navidades prostituida, pero sin ninguna noche buena
martes, 25 diciembre 2018
Llegaba la Navidad como prostituida y en un falso intento de celebrarla, te forzabas, te obligaban a poner buena cara cuando te comunicaban que esas fiestas las tenías que pasar en el piso, junto a las compañeras, l@s proxenetas, la encargada, pero sobre todo con los puteros.

Falsas excusas, razones ocultas
“Que si en esos días siempre hay mucho trabajo”; “en esas fiestas se cobra más”; “que en esas fechas, tampoco ibas a tener muchos sitios donde ir”… Mil y una excusas para hacerte ver que tus opciones eran limitadas. Claro está, adornado con la brutal intencionalidad de convencerte de que la mejor manera que tenías de pasar las navidades, era allí, prostituida y haciendo caja para ellos.

El que no teníamos a donde ir era cierto en mi caso y en el de la mayoría de compañeras. No teníamos mucho donde elegir. Al haber escapado de casa, recién cumplido los 18 años, volver por Navidad no era una opción viable. Más cuando, sabiendo como sabían que me estaban prostituyendo, a nadie parecía importarle ni un ápice. Todo lo contrario, hubo quien supo aprovechar el hecho como arma arrojadiza contra mi.



Cena sin noche buena
Pies encadenados
En la Nochebuena o Nochevieja, mis compañeras y yo, debíamos cenar en la cocina del piso. No se nos permitía ensuciar ninguna otra parte de la casa. En un falso ambiente navideño, solo adornado para la complacencia del putero, a nosotras poco nos importaba si había bolas brillantes, belén, cintas o arbolito. La cena debía ser rápida y sin demoras. En cualquier momento podía sonar el timbre y el poco espíritu navideño que se pudiera crear, sería roto por puteros bajo los efectos del alcohol o la cocaína.

No me podía permitir soñar, pensar en que me hubiera gustado unas navidades diferentes. Unas navidades en familia. Pero en una familia en la que no hubiese sido abusada. Libre de pederastia. Pero mi realidad era que al sonar ese timbre, tendría que entrar en una habitación para seguir siendo abusada. Esta vez no por alguien de mi familia, sino por un hombre que ofrecía dinero a otra persona para poder perpetuar ese abuso conmigo. Un hombre que deseaba que participaras de la alegría y embriaguez de la que el mismo y sus amigos hacían gala. Mientras, mis compañeras y yo, interpretábamos de manera autómata, nuestros papeles tan bien aprendidos.

“No me podía permitir soñar, pensar en que me hubiera gustado unas navidades diferentes. Unas navidades en familia. Pero en una familia en la que no hubiese sido abusada. Libre de pederastia.”

Cuando estaba prostituida, Nochebuena, Navidad y Nochevieja, eran fechas carentes de todo sentido y calor humano. Aquellas noches no eran entrañables, ni familiares y mucho menos buenas. Solo era una noche más en aquella prisión de chicas, de mujeres cargadas de vulnerabilidades. Eran fiestas, donde el único calor humano que sentía, era el desprendido por el cuerpo del hombre que tenía encima y que me compraba como su regalo de navidad.


Fuente­:
https://ambarinfancialibre.com/navidades-prostituida-pero-sin-ninguna-noche-buena/?fbclid=IwAR1M4--cit1vRVPkZI_5FEL4cYXT8cPpX6NLo46h0mq-xpzvaX29Ozs3uXo