jueves, 30 de mayo de 2019

Sobre la prostitución: “La imagen de felicidad que se proyecta no es así, te sientes sucia y vacía”

Testimonio de prostitución


Sobre la prostitución: “La imagen de felicidad que se proyecta no es así, te sientes sucia y vacía”
DUQUESA DOSLABIOS 21 DE MARZO DE 2019

Dentro de la prostitución: conversaciones con Ojitos Hechiceros

Tras leer la experiencia de Chica X, se puso en contacto conmigo Ojitos Hechiceros, un pseudónimo con el que protege su identidad y que, como exprostituta, sabe cómo funcionan las cosas en la otra cara de la luna, esa más oscura y desconocida por la gran mayoría de nosotros. Tiene 24 años pero llegó a España mucho antes. Una nueva vida en un país diferente en el que empezó como estudiante de secundaria, después un curso de grado medio y, luego, la prostitución.

¿Cómo empezaste en esto? ¿Fuiste tú quien decidió empezar a ejercerla o te viste coaccionada a hacerlo?
Empecé por necesidad y problemas económicos familiares. Me veía en la necesidad de hacerlo. Se pusieron en contacto conmigo por internet a través de una página para ligar y me empezaron a comentar si estaría interesada en trabajar en la prostitución diciéndome que ganaría mucho dinero en poco tiempo. A mí me sonaba que era una cosa que no estaba bien pero no le hice mucho caso al asunto hasta después de 4 0 5 años.

Tenía 24 años cuando empecé en una casa. No fue nada fácil para mí cuando me tocó el primer hombre. Era joven pero su manera de comportarse fue muy desagradable, chula y asquerosa. Me trató de forma muy violenta pasándose de lo que se había acordado.

¿Consideras que es algo que hacer libremente o más bien una vía de escape que te permita sobrevivir?
Pues por la experiencia que yo viví es una manera de sobrevivir, de todo lo que me habían contado nada tuvo que ver con realidad. De lo bonito y fácil que me habían dicho que sería, nada fue verdad. Llegué con poco y con poco me fui.



¿Te gustaría dedicarte a otra cosa? ¿A qué?
Pues de momento a estar detrás de un mostrador como dependienta, como hace poco, que estuve reponiendo y arreglando cosas atendiendo al público.

Cuéntame un poco cómo era tu día a día. ¿Cuántos hombre solían visitarte?
Pues muy triste, la verdad, sin sentido y vacía. Solía tener una máxima de dos o tres al día, aunque había días o semanas que no se hacía nada.

¿Consideras la prostitución una forma de violación ya que, si no fuera por el dinero, no accederías a tener sexo con esas personas?
Considero que es una violación en toda regla porque estás dando tu consentimiento porque te pagan para que abusen de ti y te hagan de todo, desde humillaciones hasta que te roben y más cosas.  Yo no estaría con esos tíos ni para mirarlos de los guarros, enfermos y misóginos qué son.

 ¿Crees que es realista la imagen que se busca dar de mujeres felices que lo ejercen libremente ganando sueldos de miles de euros al mes?
Para nada es así, esa imagen que proyectan de la prostitución de felicidad no es así. Esa vida no es nada bonita, te sientes sucia y vacía y de lo peor. Lo de cobrar miles de euros lo dudo, no te vas a hacer rica en esto, no es así.

¿Cómo es el tipo de cliente que te visita? ¿Qué perfiles dirías que hay?
Chavales de 18 años, tíos de 35 y hasta hombres mayores de 56. Casados y, en su gran mayoría, misóginos. De esos venían montones

¿Alguna vez han reaccionado de manera violenta o realizando algo que te haya hecho sentir especialmente incómoda?
Muchas veces. Recuerdo uno que vino a agredirme de todas las maneras posibles verbalmente y sexualmente. Intentaba hacerlo sin preservativo porque se ve que venía con intención de hacer daño. Recuerdo decirle al putero que tuviera cuidado con el preservativo, que yo veía venir lo que quería hacer: quitar el preservativo y meterla sin nada. Yo pensaba cómo de enfermas tienen las cabezas estos tíos para ir por ahí sin tomar precauciones.

Solo con verle la cara cuando llegó tenía que haberle dejado plantado ni atenderlo porque estaba loco. Me agredió físicamente yendo con el coche en marcha muy rápido y sin cinturón y dándome contra la parte del asiento de detrás del coche en la cabeza y en el pecho para robarme el móvil.

En varias ocasiones varios se quitaron el preservativo sin mi consentimiento, otro me dejó tirada en medio de la calle porque se le fue la olla y yo sin dinero para volver, otro se puso violento pidiéndome que le devolviera el dinero por las guarradas que pedía. Van sin conocimiento y su salud les da igual. Si tienen parejas las compadezco, porque no saben lo que tienen en casa una persona sin escrúpulos cogiendo enfermedades por todos los lados.

Muchos pedían que la chupara sin goma o meterla sin condón por el culo, correrse en la boca, en medio de los labios de la vagina o que les chupara el culo o los pies. Una serie de cosas asquerosas que me daban repugnancia.



¿Te sentías segura realizando ese trabajo?
No, muchas veces me daba miedo con lo que iba a salir el próximo tío que vendría. Muchas supongo que tienen chulos. Yo tenía un chulo que se llevaba la mitad de todo. Si era una miseria también y encima ni te protegen.

¿Crees que en España la justicia está de parte del putero o de las personas que ejercen la prostitución?
Sin duda alguna del putero. La peor fama se la lleva la mujer.

¿Qué preferirías, que la prostitución se regulara o que se aboliera?
Que se aboliera claramente.

¿Dirías que es una profesión que pasa más factura física o emocional?
De las dos, tanto física como emocionalmente. Es jodido estar en esa vida porque ya no te sientes mujer.
Ya no te sientes nada. Yo aún estoy superando ese estilo de vida.

Que cada cual saque sus propias conclusiones, pero la mía está clara. Hay que poner fin a este negocio basado en la explotación, en el engaño, en el sufrimiento, en el maltrato, en el sometimiento de mujeres aprovechándose de una necesidad económica.

Son hombres que no vienen a buscar cariño y amor como piensa la mayoría. Los hay que empiezan a ligar y que hacen como que se interesan por ti, pero te das cuenta de que solo quieren follar gratis. Yo he llegado a sentir afecto por alguno, pero si un hombre paga por compañía es por sexo o porque tiene un problema. Quien viene aquí viene a maltratarte, a humillarte, a vejarte, a tratarte como una mierda, a intentar follar de gratis, a engañarte o a robarte.

Me ha pasado de no poder superarlo incluso estando estudiando o no poder acabar un curso por las heridas que me había dejado. Esto es muy duro, me sentía hundida y tenía que dejar a medias los estudios. Te pierdes mucho y a la hora de querer conocer a alguien, desconfías.


Y a todos aquellos defensores de la práctica, que ni leyendo estos testimonios tan duros sois capaces de empatizar con mis entrevistadas viendo lo necesario que es abolirla, contestadme a una pregunta: si tan a favor estáis de la prostitución, ¿os gustaría que vuestra hija se dedicara a ello?

Duquesa Doslabios.

Fuente
https://blogs.20minutos.es/el-blog-de-lilih-blue/2019/03/21/entrevista-prostitucion-explotacion-mujeres/







Subastas de esclavos a las puertas de Europa


La noticia esta fechada en 2017 no obstante no creo que este negocio haya sido modificado en este tiempo, hasta es probable que se haya incrementado y sofisticado. Es otra muestra de lo que es la trata de personas, conocida, sabida por quienes gobiernan y hacen estadísticas de esclavitud, por ONU,OIM y todas las organizaciones internacionales, pero…..nada cambia, hay humanes que siguen siendo depredadores feroces. Esto es también parte de la sociedad que hasta ahora hemos sabido construir.
Alberto B Ilieff


Subastas de esclavos a las puertas de Europa
Pujas, latigazos y cadenas. EL PAÍS pone rostro a la denuncia de Naciones Unidas: cada vez más inmigrantes están siendo vendidos como esclavos en mercados de Libia
NACHO CARRETERO
Agadez (Níger) 2 JUL 2017 -

En la ciudad de Sabha —situada al sur de Libia, 100.000 habitantes— existe un lugar conocido como el gueto de Ali. Es un nombre que hace agachar la cabeza a Abou Bacar Yaw, un joven gambiano de 18 años que pasó dos meses dentro.

El gueto de Ali es, probablemente y en base a las descripciones de quienes allí estuvieron, un antiguo centro de detención. Antes de la guerra que culminó con la caída de Muamar el Gadafi, Sabha era un oasis migratorio de la ruta africana central hacia Europa. Muchos subsaharianos eran retenidos en este lugar y expulsados del país. Sabha era, también, un atractivo destino turístico para aventureros.

Cuenta Abou Bacar que hoy se trata de un edificio gastado, lleno de ratas y polvo, con varias celdas y un patio interior. Cientos de jóvenes subsaharianos se agolpan en espacios pequeños sin luz ni ventilación. El lugar lo dirige un libio de la etnia tubu conocido como Ali. Alrededor, las calles de Sabha son hoy el territorio de milicias, traficantes, mafiosos y vecinos armados. Zona prohibida para el visitante.

Abou Bacar llegó a este sitio tras cinco días de travesía ininterrumpida a través del desierto. Partió de Agadez, en el desértico centro de Níger, donde meses después está de regreso. Sentado en una vieja silla, con una cicatriz al lado de su ojo izquierdo y la llamada al rezo desde una mezquita cercana, relata sus recuerdos. Cuenta que todo el mundo en Sabha conoce el gueto de Ali. “Pero a nadie le importa porque Libia es el infierno. Todo el mundo va armado. Hasta los niños llevan pistola. Y a nadie le preocupa el bien o el mal”. El gueto de Ali parece llevar sus actividades sin demasiadas molestias.

"No sentaban en el suelo y los libios venían a elegirnos y a comprarnos, como quien escoge mangos en el mercado. Después discutían el precio"

“Yo ya había pagado mi pasaje hasta Trípoli. Lo pagué en Agadez, antes de salir”. Abou desembolsó 381 euros, los ahorros de toda su familia. “Pero nunca llegué a Trípoli”. Cuando alcanzaron Sabha, el conductor del vehículo que los trajo a través del Sáhara los llevó al gueto. “Allí estaban unos libios, con uniformes militares y armas. No sé si eran soldados, milicianos o qué eran”. A Abou y a los demás los metieron en el edificio, les dijeron que no habían pagado el pasaje —cuando sí lo habían hecho— y los encerraron sin más explicación.

Un vaso de agua y una barra de pan era lo que le daban cada día de los dos meses que Abou estuvo en el gueto. Allí se amontonaban, según estima Abou, unas 300 personas, todos hombres. A los que iban muriendo, tenían los demás que sacarlos y quemar los cuerpos en un descampado contiguo al centro. “Cada día llegaban hombres árabes, a veces con guardaespaldas, y entonces nos sacaban al patio. Allí nos teníamos que sentar así —Abou se sienta en el suelo, con la piernas abiertas—, en fila, cada uno entre las piernas del que tenía detrás. Formábamos como un tren en el suelo”. Abou regresa a su silla y continúa su relato: “El hombre árabe paseaba entre nosotros y elegía a algunos. Elegía a los fuertes, a los que no pareciese que se iban a morir en dos días. Los elegía como cuando eliges mangos en el mercado de fruta. Después pagaba a la gente del gueto y se los llevaba. Cada día llegaban hombres árabes a comprarnos”.

A Abou lo vendieron al cabo de dos meses. “No sé cuánto pagaron por mí. Delante de nosotros no hablaban de dinero, se iban a negociar los precios a un rincón”. Abou se queda en silencio. Con la mirada perdida. Después dice: “El gueto de Ali es el lugar que imaginas cuando te hablan de un mercado de esclavos”. Un mercado de esclavos en el siglo XXI, en una ciudad hasta hace poco relativamente turística y en un país a 400 kilómetros de Europa.

  
FOTOGALERÍA: A las puertas del infierno. Abou Bacar, nacido en Gambia, fue vendido en un mercado de esclavos de la ciudad libia de Sabha. ALFONS RODRÍGUEZ

El agujero libio
Antes de la guerra —estalló el conflicto al amparo de la Primavera Árabe en el año 2011— Libia era una de las varias rutas migratorias hacia Europa. Las mafias optaban en ocasiones por trasladar a los migrantes a Mauritania y de ahí alcanzar en cayuco las islas Canarias; o atravesar Argelia para llegar a Marruecos y saltar la valla de Melilla; o cruzar Libia e intentar navegar en patera hasta la isla italiana de Lampedusa.

Hoy, Libia se perfila como casi la única ruta: el caos es tal en el país que las mafias y los traficantes de personas campan sin estorbos, al contrario de las vigiladas fronteras del resto de países. Cada pueblo y ciudad en Libia pertenece a una milicia distinta. Y en ese revoltijo tratan de colarse los migrantes para cruzar el mar. Se estima que, a día de hoy, unos 330.000 migrantes están bloqueados en Libia, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).



El problema es que esta violenta anarquía tiene reverso: miles de hombres y mujeres están siendo secuestrados, aprovechando la falta de control. Los secuestros, desde hace unos meses, han ido un paso más allá: cada vez son más los esclavos.

El pasado mes de abril la OIM, agencia dependiente de Naciones Unidas, publicó un informe en el que denunciaba que en Libia existen, desde hace meses, mercados de esclavos. Lugares en los que migrantes son vendidos para utilizarlos como mano de obra, como sirvientes o esclavos sexuales.

Giuseppe Loprete, jefe de misión de la OIM en Níger, explica en el despacho de su oficina en Niamey que “los migrantes que vuelven de Libia nos están contando historias terribles. Nos hablan de pujas, de subastas, de compraventa de esclavos”. Un macabro retroceso en el tiempo al otro lado del Mediterráneo. El gueto de Ali, donde fue vendido Abou, es uno de estos mercados.



 Fotografías extraídas del teléfono de un migrante retenido en Libia y facilitadas por la OIM. La agencia explica que se trata de esclavos en un mercado de Libia, a la espera de ser vendidos.



No se trata de secuestros en los que se solicita un rescate. No se trata de condiciones de explotación. No se trata de poder pagar por tu libertad. Se trata de un tráfico de esclavos en el que vecinos de Libia compran subsaharianos para que trabajen en sus casas, granjas o cultivos sin salario de ningún tipo —más allá de techo y comida— y bajo un régimen de violencia.

La OIM lo ha denunciado y ahora comienzan a aparecer los testimonios de aquellos que han escapado de tal experiencia. La comunidad Internacional, sin embargo, no parece estar haciendo demasiado sobre el terreno para terminar con una pesadilla propia de otro siglo.

Vendido por 3.200 euros
“Quiero explicarle al mundo lo que está pasando”. Lo dice Achaman Agahli, 39 años, robusto, vecino de la ciudad nigerina de Agadez. Nos recibe en su casa, una construcción básica de adobe en la que comparten espacio personas y cabras.

"A mí me vendieron en un lote de 12 y pagaron por mí unos 3.000 euros"

Achaman trabajaba transportando bidones entre pueblos del desierto. Fue un amigo quien le planteó la posibilidad de intentar llegar a Europa para ganar dinero. Lo consultó con su mujer y decidió intentarlo. Partió una noche de junio del año pasado, a las tres de la madrugada, subido a la parte trasera de un vehículo pick up blanco marca Toyota. Cuando estaban a punto de arrancar, escuchó que el traficante a quien le habían pagado por el traslado hablaba por teléfono: “Te mando un lote de 25”. No le dio importancia Achaman en aquel momento. Días después, la afirmación cobraría sentido.

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“La idea era que nos llevasen hasta Madama, en la frontera entre Níger y Libia, pero pasamos de largo y nos dejaron en Al Qatrun, ya en Libia. Ahí nos recogieron unos tubus libios [los miembros de una etnia local]. Llevaban barba, iban armados. Fue cuando me dije: ‘Aquí hay problemas, algo falla’. Nos llevaron a Sabha y nos metieron a todos en la habitación de un edificio vacío”.

Achaman estuvo 26 días encerrado. “Nos daban pan y leche. Un día, uno los hombres que nos custodiaba, nos dijo: ‘No os damos más para que no tengáis fuerza y escapéis”. El día 27 llegó un hombre libio y se puso a discutir de dinero con el jefe de los secuestradores de Achaman. Esta vez sí, escucharon la negociación. “Yo hablo árabe. Les entendí. Acordaron la venta de un lote de 12. Sí, así dijo, un lote de 12. Y por cada uno del lote, por cada uno de nosotros, iba a pagar 5.000 dinares libios”. Aquel día compraron a Achaman por 3.200 euros.

“Nuestro comprador nos llevó a su casa, una casa muy grande con un huerto muy amplio en Ubari, a pocos kilómetros de Sabha. Era un señor rico. Yo estuve dos meses recuperándome porque estaba muy enfermo. Cuando me puse bien, empecé a trabajar”. Achaman tenía que alimentar a los animales del propietario, limpiar los establos, cuidar el huerto, arar… A cambio, el dueño de la casa le daba cobijo y comida. Como hablaba árabe, lo convirtió en su hombre de confianza. “A los demás los despreciaba, pero a mí me trataba bien. No me pegaba ni me gritaba. Y, al cabo de unos meses, tenía libertad para entrar y salir de la casa si necesitaba hacer recados”.


Achaman Agahli, de 39 años, fue esclavizado en la ciudad Libia de Sabha durante un mes y medio. ALFONS RODRÍGUEZ

Fue en uno de esos recados. Achaman dijo que tenía que ir a Sabha a por medicinas y, de camino, se cruzó con un conductor nigerino que le ayudó a cruzar la frontera de vuelta.

La mujer de Achaman murió la semana pasada, dando a luz. “Se fue sin que supiera lo que me pasó. Nunca le dije nada. No la quería ver triste”.

Cinturones a modo de látigo
Adam Souleyman lleva una camiseta amarilla con un dibujo de Don Quijote. Tiene 24 años, es muy delgado y se pone un turbante en la cabeza para protegerse del sol y la arena. Aunque está viviendo en Agadez, donde nos recibe en el patio de tierra de una casa familiar, nació y creció en una aldea cercana a Zinder, la segunda ciudad de Níger, al sur del país. Desde ahí, hace ahora un año y cinco meses, partió rumbo a Libia en busca de Europa.

El recibimiento tuvo lugar en Madama, localidad fronteriza, donde, según recuerda Adam, unos milicianos lo tumbaron en el suelo a él y al resto de migrantes con los que viajaba. “Nos quitaron nuestros documentos y el dinero”. Desde ese momento, Adam se convirtió en mercancía.

Tres días estuvo encerrado hasta que un hombre, que Adam recuerda como “gordo, grande”, llegó, discutió precio con los milicianos y se llevó a tres de ellos. “Un chico de Mali, otro de Burkina Faso y yo. Todos en furgoneta. El hombre nos encerró en un sótano. Las ventanas eran muy pequeñas y daban al suelo de arena. Había unas alfombras para que durmiéramos. El hombre solo nos dijo una cosa: ‘Sobrevivir es lo mejor que podéis conseguir desde ahora”.

“Cada día nos llevaba a trabajar a una casa distinta, de árabes ricos, casas muy grandes. Nos despertaba echándonos agua fría encima y nos sacaba del sótano dándonos golpes con el cinturón, como si fuera un látigo”

Era el nuevo dueño de Adam y los otros dos chicos. Y los alquilaba. “Cada día nos llevaba a trabajar a una casa distinta, de árabes ricos, casas muy grandes. Nos despertaba echándonos agua fría encima y nos sacaba del sótano dándonos golpes con el cinturón, como si fuera un látigo”. Adam reproduce con desgana el gesto, levantando el brazo. “Cuando terminábamos de trabajar, venía a buscarnos a la casa y nos volvía a meter en el sótano”. Así estuvo Adam un mes y diez días.

“Había días que no teníamos que trabajar, que el hombre no venía a buscarnos. Y nos pasábamos el día sin comer encerrados. El chico de Malí hablaba de acabar con todo eso, de suicidarse, decía que no aguantaba”. ¿Y tú? “Yo no. Yo quería ver a mi familia”. ¿Te sentías como un esclavo? “No me sentía. Era un esclavo”.

Se pasaba las noches Adam maldiciendo el día que decidió irse a Libia. La luz la vio una tarde que el dueño de una casa le mandó salir hasta un pozo de agua a reparar una avería. “Yo iba caminando y me crucé con una camioneta en la que iban trabajadores africanos. Uno era hausa, como yo, así que le grité y le pedí ayuda”. Aquel hombre acogió a Adam en su casa y después le consiguió sitio en un camión para regresar a Agadez, donde ahora trabaja para poder reunir el dinero y volver a Zinder. “No sé qué pasó con los otros dos chicos, el de Malí y el de Burkina Faso”, dice Adam. “A lo mejor todavía siguen allí”. Después aprieta las manos contra sus ojos y llora.

Siete meses sin ver el cielo
Marian cubre su cabeza con un velo rojo. Se fue de Lagos, Nigeria, en julio del año pasado. Le dijeron que tras un pequeño viaje en coche y cruzar un río, estaría en Italia.

Marian tiene 23 años y vive en el suelo de la estación de autobuses de Agadez, donde aguarda poder regresar a su ciudad. Allí, nadie sabe que a Marian la convirtieron, durante siete meses, en una esclava sexual.

Fue en Trípoli, Libia, después de cruzar el desierto con más días de ruta de lo previsto, tras un error de orientación del conductor que les llevó a tener que beber agua de charcos que encontraban. “Cuando llegamos a Trípoli nos metieron en un sótano sin ventanas. Pregunté cuándo llegábamos a Italia y un hombre me dijo: nunca”. Para Marian, arrancó el suplicio.




Marian, nigeriana de 23 años, fue esclava sexual en Trípoli durante 7 meses. ALFONS RODRIGUEZ


“Una mujer nos explicó la situación al grupo de chicas que estábamos en el sótano. Nos dijo que, si queríamos volver a ser libres, necesitábamos pagar una cantidad (Marian no quiere decir cuánto) y que la única manera de lograrla era siendo prostitutas en ese sótano”.

Marian resopla: “Yo no paraba de llorar. Y me negué. Llegó un señor el primer día y me dijo ‘siéntate aquí’, señalándose las piernas y yo le dije que no. Entonces, el marido de la mujer que nos explicó todo me pegó en la cara. Dijo: ‘Si no obedeces, te pego’. Y yo le dije que me pegara. Y le ponía la cara”. Marian gira la mejilla, como ofreciéndola. Después añade: “Pero hay un momento en que ya no quieres que te peguen más”.

Si Marian o cualquier de las otras chicas se negaba, la mujer rompía la hoja en la que iba apuntando lo recaudado por ellas. “Y teníamos que volver a empezar”. Marian tardó siete meses en recobrar su libertad. Durante esos siete meses nunca salió del sótano. Nunca llegó a ver el cielo.

“Ahora quiero volver a Lagos. Y recuperar mi vida de antes. Y espero que jamás nadie de mi familia sepa lo que me ocurrió”.

Atados por las muñecas
Cuando explica su trágica experiencia, Nasser Abdul Kader sonríe. Como un mecanismo de defensa, como una válvula de escape para no derrumbarse. A Nasser no lo compró nadie. El hombre que lo esclavizó, lo robó.

Como casi todos los demás, llegó a Libia con la promesa de alcanzar Italia en cuatro días. Partió de Agadez, donde nació, y, tras el periplo, fue abandonado en las calles de Sabha, sin dinero ni documentación, en compañía de otros seis inmigrantes. “Acudimos a una plaza en la que venían hombres a recoger trabajadores para jornadas sueltas. Cada vez que aparecía alguno, los chicos se abalanzaban sobre ellos para que los llevasen”.

El tercer día, Nasser y otro chico se fueron con un tipo que necesitaba mano de obra. “Nos llevó a una granja avícola, llena de gallinas. Nos enseñó la granja y nos dijo que nuestro trabajo era alimentar a las gallinas y mantenerlas despiertas por las noches”. Nasser hace una mueca de incomprensión y encoge los hombros. “Al día siguiente nos presentó a dos hombres armados, muy fuertes y nos dijo que eran los encargados de la seguridad de la granja”.

Nasser estuvo un mes y diez días descargando sacos de pienso, alimentando gallinas y manteniéndolas despiertas por las noches. Todo cambió cuando Nasser le preguntó a uno de los hombres de seguridad cuándo les iban a pagar. “Me miró, levantó el dedo así —Nasser pone recto su índice, en gesto de advertencia— y me dijo: ‘Presta atención: en este lugar no se pagan sueldos’. Me asusté, pero al día siguiente, enfadados, nos negamos a descargar el camión”.

"Para trabajar nos ataban con una cadena de dos metros, por las muñecas. Solo nos la quitaban para dormir"

La sentada de Nasser y su amigo tuvo consecuencias cuando los dos vigilantes vieron los sacos de pienso sin descargar. “Vinieron a buscarnos a la habitación y nos dieron una paliza con un cable grueso y también con un cinturón. Después nos enseñaron una pistola y nos dijeron: ‘Si no trabajáis, os matamos y vamos a por otros dos negros”.

Desde ese día, los dos chicos tuvieron que trabajar uno atado al otro. “Con una cadena de unos dos metros, atada con mucha fuerza a las muñecas. Y partir de aquello nos pegaban con un cable mientras trabajábamos. Ahí me convertí en esclavo”.

A Nasser y a su compañero solo los desataban cuando regresaban a la habitación a dormir. “Nadie sabía dónde estábamos, no teníamos dinero, ni papeles, ni contacto con el exterior. Era como estar muertos”. La tragedia duró cinco meses, hasta que Nasser logró escapar de la granja una mañana en la que los dos hombres de seguridad se quedaron dormidos por el alcohol.

“Yo a los chicos que quieren irse a Europa les digo: no lo hagas. No te vayas. Vas a morir o vas a ser esclavo. Y les cuento mi historia”. ¿Y te hacen caso? “No, ninguno. Siempre responden lo mismo: no tengo elección”.

Fuente
https://elpais.com/internacional/2017/06/29/actualidad/1498753080_705940.html?fbclid=IwAR0LCVXyMqPq1h1GpFkBW0K-Cbb13WlDgfY0ueW-WkWbEvqieLKxJTZY8WE






Alias 'Demonio’, el proxeneta que construyó un hotel de lujo para que exsoldados abusaran de niñas


Esta noticia demuestra que el periodismo es una herramienta valiosísima y en esto va mi homenaje a Lydia Cacho quien expuso su vida por dar a conocer  parte de las redes de abuso sexual comercial infantil de México.
Este criminal recorrió parte del mundo cometiendo fechorías y era conocido por varios gobiernos que lo dejaron actuar tranquilamente, eso se llama complicidad, eso se llama participación. Su actividad generó mucho dinero que sirvió seguramente a funcionarios de todo tipo, a políticos y religiosos.
La vida de muchas niñas ya ha sido quebrada quizá irremediablemente, otras posiblemente hayan muerto en este camino.
La prostitución mata.
Alberto B Ilieff


Alias 'Demonio’, el proxeneta que construyó un hotel de lujo para que exsoldados abusaran de niñas
Frente a un balneario de Colombia, Assi Moosh construyó un complejo exclusivo para explotar sexualmente a menores. Además, era cabecilla de una red de traficantes de éxtasis, cocaína, hachís y LSD.
Redacción: La República
27 May 2019


El mayor capo de trata de personas en Colombia fue detenido el último miércoles tras décadas de búsqueda. Se trata de Assi Moosh Ben Moosh, conocido como 'El Demonio de Taganga' o 'El Intocable', el mayor proxeneta del país sudamericano.

Fue localizado en Portugal por la Guardia Civil que había seguido su pista por Ibiza y Barcelona y avisó a sus compañeros portugueses, que lo detuvieron siguiendo una orden de Interpol. Destacó en Colombia en 2009, pero su historial delictivo comenzó mucho antes.

Assi Moosh Ben Mush, 45 años, nació en Kiryat Atta, una pequeña población israelí a 20 kilómetros de Nazaret. Como todo ciudadano del país mediterráneo cumplió con el servicio militar obligatorio de dos años y ocho meses. Después decidió recorrer el mundo; sin embargo, la policía israelí ya le hacía seguimientos por sus presuntas actividades delictivas. 

Su primera parada fue Japón, ahí se popularizó por montar una red de venta ambulante en las calles de Tokyo. Assi Moosh y sus cómplices forzaban a los mochileros a trabajar para ellos, atacando y amedrentando a cualquiera que quisiese trabajar por su cuenta.

Según informó la policía de Israel, Assi tuvo que dejar Japón tras entrar en conflicto con la mafia japonesa, la Yakuza. Con casi 30 años de edad se mudó a España, donde recuperó sus actividades de tráfico de drogas. Moosh compraba éxtasis en Holanda y lo llevaba desde España hasta Asia.

Aunque en su momento, según indica la prensa israelí, las autoridades españolas no dieron mayor relevancia a los datos de Israel, en 2003 Assi Moosh fue detenido cuando llegaba a Holanda. En esta época la inteligencia israelí también sospechaba del inicio de vínculos con países de Sudamérica para posible tráfico de cocaína.


Assi Moosh construyó un complejo exclusivo para explotar sexualmente a menores. Foto: Difusión.


Se volvió a obtener su pista en marzo de 2009 cuando entró a Colombia, procedente de Sao Paulo (Brasil). Se estableció en Taganga, un pequeño poblado costero del departamento de Magadalena, al norte de Colombia.

En esta población de apenas tres mil habitantes, el traficante creó un complejo hotelero, dedicado principalmente a turistas israelíes. En sus años en Colombia, no pasó desapercibido para sus vecinos, ni para las autoridades: la opulencia y su fama de derrochador fueron características conocidas en la región.

El complejo turístico se convirtió en un centro de venta de sustancias ilícitas y de prostitución. La policía colombiana indicó que muchos jóvenes, entre ellos, menores de edad, prestaban servicios sexuales en las propiedades de Assi Moosh. También compró casas en Bogotá, Cartagena, Medellín, entre otras ciudades del país sudamericano.

En el expediente contra Moosh está consignado cómo ofrecía paquetes de turismo 'todo incluído', que consistía en prestar servicios de alojamiento, drogas y prostitutas, entre quienes había menores de edad.

La Policía Nacional de Colombia indicó recientemente que el israelí entabló relaciones con otras organizaciones dedicadas al crimen organizado como ‘El Clan Jerusalén’ y ‘La Oficina’ de Envigado, esta última se conoció por prestar servicios al ya extinto cártel de Medellín.


Assi Moosh Ben Mush, 45 años, nació en Kiryat Atta, una pequeña población israelí a 20 kilómetros de Nazaret. Foto: Difusión.



Durante su estancia en Colombia, se produjeron denuncias en medios de comunicación colombianos sobre la supuesta compra de autoridades policiales y políticas en la localidad de Taganga y el municipio de Santa Marta, esto le valió el apodo de “El Intocable”.

Fiscalía Colombia
✔
@FiscaliaCol
 #ATENCIÓN capturado Lisboa,Portugal, ciudadano israelí Assi Moosh, señalado como cabecilla de red proxenetas en Colombia. Delitos: homicidio agravado, concierto para delinquir, enriquecimiento ilícito, turismo sexual e inducción a prostitución. Acción conjunta con @DIJINPolicia

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23:52 - 22 may. 2019
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Opulencia, festines donde el sexo era el protagonista y sus vínculos con la policía
Su inmunidad se perdió el 14 de enero de 2017 cuando organizó una fiesta de música electrónica masiva Playaca Beach Club Social S.A., una de sus propiedades.

El evento había sido autorizado por la policía como “actividad cultural”. Pero las fotos donde se observó la presencia de drogas, sexo y descontrol circularon por varios medios colombianos. Finalmente, en noviembre de ese año, fue detenido cuando realizaba gestiones para naturalizarse colombiano.

Assi Moosh fue deportado a España para posteriormente ser trasladado a Israel, algo calificado por los habitantes de Taganga, Colombia, como un “alivio”.


Assi Moosh ya había sido capturado en 2003, en Ámsterdam, acusado de ser el cabecilla de una red de traficantes de éxtasis, cocaína, hachís y LSD. Foto: Difusión.



Sin embargo, la policía colombiana determinó que las redes de tráfico y prostitución del 'Demonio de Taganga' continuaban operativas bajo su mando y a través de ocho testaferros. Con esta información, la policía ordenó en 2018 una alerta para capturarlo.

La Guardia Civil intervino ante la sospecha de que 'El Intocable' estaba desarrollando una organización criminal en España similar a la que maneja en Colombia.

Se informó que el traficante estuvo escondido en Ibiza, Barcelona y finalmente en el pequeño pueblo de Oeiras, cerca de Lisboa (Portugal). En esa localidad fue detenido por una operación conjunta de la Guardia Civil, Policía Judiciaria de Portugal y la Policía Nacional de Colombia.

Assi Moosh ya había sido capturado en 2003, en Ámsterdam, acusado de ser el cabecilla de una red de traficantes de éxtasis, cocaína, hachís y LSD.

Assi Moosh buscaba menores de edad para realizar orgías en su hotel Benjamín
Cientos de menores de edad fueron víctimas del ciudadano israelita, según las autoridades el hombre las buscaba y las llevaba hasta su hotel para que satisficieran a exsoldados de su país, quienes llegaban hasta la Bahía de Taganga.

En 2010 los irrealitas lograron construir el gran hotel ‘Benjamín’, el que pensaron los tagangueros que sería para recibir a los miles de turista huéspedes que llegan hasta la capital del Magdalena para disfrutar de sus vacaciones, pero así no fue.

El inmenso inmueble se convirtió en 'cueva' para exsoldados de Israel: allí comercializaban droga, prostituían a ciento de niñas y hacían las más grandes orgías de la ciudad.

El complejo hotelero tomó cuatro años de construcción. Foto: Difusión.



El complejo hotelero tomó cuatro años de construcción y una vez que llegaron los visitantes empezaron a tener encontrones con la policía. Uno de ellos, identificado como Moore, muy amigo de Assi Moosh, quien andaba extrañamente de pistola entre sencillos pescadores no aceptó dejarla de cargar.

Una persona muy cercana a los israelitas le contó a esta casa periodística lo que se vivía dentro del famoso hotel, según son intensas noches llena de mujeres, tragos y drogas, los cuartos son utilizados para las más grandes orgías, las jóvenes tienen que obedecer a sus 'clientes'.

“La mayoría de niñas y adolescente que llegaron hasta ese sitio eran buscadas y llevadas engañadas hasta allá, cuando ya estaban ahí le ofrecían dinero en dólares. Pero también habían muchas que le gustaba eso”, reveló.

Fuente

Nota: las imágenes son del original






viernes, 15 de marzo de 2019

Una prostituta a favor de su oficio: "Soy una mujer de negocios"


La noticia es un ejemplo nítido de lo que los proxenetas-tratantes invierten en notas para publicitar la prostitución al mismo tiempo que son anzuelos para atraer nuevas niñas, mujeres. Muchísimo dinero, viajes, la redacción hace pensar en lugares caros, ropas de marca, y al final un camino libre de obstáculos para cumplir los sueños, algo así como un tiempito en el purgatorio para poder vivir una eternidad en el paraíso.
La nota es atemporal, apenas insinuadas ciudades, no hay momentos definidos, ni historia social, desgajada del tiempo y espacio suena más inocente, como los cuentos para niños.
Hay que imaginar la situación de pobreza en aquella Rusia, la situación de esa joven que dejó atrás su mundo para ir hacia aquel dónde todos los sueños se realizan como en disneylandia: Estados Unidos. El patriarcado ya tiene el camino marcado, la prostitución la espera. Pero en la nota no aparece nada de lo que sabemos que viven estas mujeres desprotegidas, ni las consecuencias, salvo el desliz de quien escribe: “sordidez que implica el acostarse con otros hombres por dinero.”
La historia que nos venden de las “sindicalistas” pro-proxenetas es similar, viajes,  invitadas en universidades, charlan con políticos….todo nos quiere mostrar que si te dejás prostituir se abre un mundo de posibilidades maravillosas de las que ellas también son ejemplo.
La lucha también hay que darla en el espacio simbólico.
Alberto B Ilieff


Una prostituta a favor de su oficio: "Soy una mujer de negocios"

Svletana Z., veinteañera de origen ruso, cuenta su acelerada vida y sórdida experiencia acostándose con hombres por dinero
Autor E. Zamorano
25/11/2018

"Soy una mujer de negocios. Hice lo que los políticos dicen que los inmigrantes tienen que hacer: trabajar duro, aprovechar la oportunidad, maximizar el talento, ajustarse y adaptarse a la nueva economía mundial". Así se define y justifica Svetlana Z, una mujer de origen ruso que ha pasado toda su vida trabajando en la prostitución en Estados Unidos. Su historia seguramente sea parecida a la de muchos inmigrantes que parten muy lejos de su país con un sueño en mente, y que tarde o temprano acaban viendo como todas sus esperanzas se rompen. Pero no su dinero.

"Salí de mi país porque quise estudiar cine y psicología, y ahora puedo pagármelo. Me gustaría casarme y tener un hijo", comenta ahora, una vez pasado el tiempo. Svetlana Z ha narrado su vida a través de un largo reportaje publicado en la revista 'Medium'. Las palabras escogidas a la hora de contar sus experiencias en la gran ciudad resultan duras y afiladas; sin embargo, de ellas se desprende un mensaje de redención, una vía de escape a la sordidez que implica el acostarse con otros hombres por dinero.

No hace falta que trabajes. Si dejas que me acueste contigo, te pagaré

Ella creció en el centro de Rusia. "Cuando era pequeña, quería ser una guía turística y ver mundo", relata. Pero un buen día, llegó un autobús turístico a su ciudad, "pequeño y apestoso, sin aire acondicionado", con un guía de aspecto físico dejado y desastrado. "Pensé que los guías turísticos en Estados Unidos serían mejores". Por ello, decidió partir a Nueva York con 19 años y tan solo 300 euros en el bolsillo. ¿Cómo llegó a trabajar de prostituta? “Solicité trabajos en restaurantes y consultorios médicos, pero nadie me contrataba”, explica. “Vi un anuncio para bailarinas y llamé. Me recogieron en un camión lleno de más chicas. Al final, nos llevaron a un club donde muchos hombres querían tocar diferentes partes de mi cuerpo. Gané 300 dólares, y decidí que nunca jamás volvería a hacerlo”.

Pero desgraciadamente, su camino volvería a cruzarse con el de hombres ávidos de sexo. “Respondí a otro anuncio para trabajar en una cafetería turca. El propietario me dijo: 'No hace falta que trabajes. Si me dejas follarte, te pagaré'”. Evidentemente, Svetlana Z se negó. Pero un día vio un anuncio en una tienda de masajes. No hacía falta que tuviera experiencia y prometía un salario de 500 dólares por día. Al final, su empleo resultó ser algo más que efectuar unos simples masajes. No se vio obligada a nada que no quisiera y ganó bastante dinero. Meses más tarde, la despidieron y decidió montar un mismo negocio por su cuenta con una compañera.

"La vida alegre" nunca fue tan dolorosa. Detenciones, multas y torturas a todas esas pioneras del trabajo sexual
Uno de sus clientes asiduos, un hombre rico que siempre le preguntaba por su vida en la lejana Rusia, conectó emocionalmente con ella y le prestó ayuda psicológica. Una noche, le ofreció más de mil euros para que se acostase con él. “Fue tentador, pero pensé que si alguna vez accedía a algo así, ya nunca jamás me respetaría a mí misma”, reconoce. “Así que me invitó al Plaza Hotel, en una suite con excelentes vistas. Abrió una botella de champán caro y comenzamos a hablar. Luego nos desnudamos y tuvimos relaciones sexuales. Me dio un sobre con mil dólares, pero me reiteró varias veces que no se trataba de un pago; solo lo hacía porque le gustaba”. Se puede decir que a partir de ese momento, Stevlana Z ingresó en la prostitución.

Una de las cosas más curiosas que la extrabajadora sexual cuenta en su artículo, es que las diferencias raciales eran sin duda la balanza con la que se medía el caché de los encuentros. “Las chicas blancas eran las que más cobraban, al menos en Nueva York. Luego las españolas, las asiáticas y, por último, las negras”, explica. “Uno de mis clientes me instó a que me aprovechara de la situación”. Manos a la obra. Pensó en hacerse autónoma y dejar de trabajar para agencias. “Establecen tus citas, te cuidan. Pero también adquieren un porcentaje de tus beneficios. Las empleadas de estas agencias o quieren lidiar con la carga de ser dueñas de sus propios negocios. En mi caso, puse toda la carne en el asador y me hice autónoma. Lo hice por mí misma y por nadie más. Fue muy duro. Al fin y al cabo, los empresarios del sexo son los únicos que se hacen ricos de todo el negocio”, admite.

Los que todavía eran vírgenes eran horribles en la cama. Ni siquiera sabían hablar a una mujer. Me daban pena


"A los hombres les gusta acostarse con mujeres de caras bonitas y cuerpos delgados, pero también cultas e interesantes", puntualiza Svletana Z. "Les solía decir a los clientes que acababa de regresar de Dubái o Hawai. Nunca he estado en ninguno de esos lugares, pero aprendí sobre ellos en la televisión. Me hizo más exótica. Estaba disponible las doce horas del día, desde el mediodía hasta la medianoche. Siempre fui puntual, amable, incluso cuando el cliente se portaba mal y era grosero. Ya sabes, una o dos malas críticas pueden hacer daño al negocio".

Svletana Z estuvo en la cama con chicos de todas las edades, desde mayores de 60, hasta menores de 30 años que solo querían experimentar su primera vez. "Los chicos jóvenes son lo peor. Los que todavía eran vírgenes eran horribles, una pesadilla. Una vez estuve con uno que todo lo que había hecho en su vida era consumir pornografía y masturbarse hasta los 25 años. Fue algo así como: 'Venga, haz esta posición, da la vuelta, mejor así'. Ni siquiera sabía hablar a una mujer. Me dio pena. Pero aún así, traté de ser amable".

El 90% de mis clientes estaban casados. La mayoría eran banqueros. O son muy santos o unos completos mentirosos

Para ella, los clientes se dividían en cuatro categorías. Los que simplemente quieren pagar por la compañía y que creen que están comprando una relación sentimental. Los que creen que te poseen y las parejas. "Los primeros son los más simples. El segundo, aunque piensan que son dulces, pueden ser muy exigentes contigo. Los del tercero sin duda son los que más dolores de cabeza te provocan", asegura. "Un tipo me pidió que derramara miel sobre mi cuerpo antes de hacerlo. Me negué. Entonces, me ofreció el triple y finalmente acepté. Tardé dos horas en limpiar todo, desde las sábanas hasta mi cara y mi pelo. Fue entonces cuando decidí que si alguien me volvía a pedir lo mismo, le pidiría hasta cuatro veces más".

Por otro lado, "el noventa por ciento de mis clientes estaban casados, y la mayoría eran banqueros. Si conoces a un inversor y te dice que nunca ha estado con una prostituta, o es un santo o un completo mentiroso. A un tercio de ellos les gustaba ver cómo me masturbaba y la mitad siempre me preguntaba por el tamaño de su miembro. Un 80% me preguntaba siempre si había tenido un orgasmo". Al final, la jugada le salió perfecta. "Cumplí 24 años en marzo y logré ahorrar 200.000 dólares en la prostitución. He viajado a Marruecos, París, Pekín y Mónaco", subraya y concluye, sin un ápice de resentimiento hacia el sexo masculino. "No odio a los hombres, no soy una víctima, nunca me han violado ni drogado, y tampoco he hecho prornografía".

Fuente:
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-11-25/prostituta-porno-sexo-parejas-prostitucion_1655838/




Un hombre que paga por sexo no está bien de la cabeza


“Un hombre que paga por sexo no está bien de la cabeza”

DUQUESA DOSLABIOS 02 DE MARZO DE 2019

Dentro de la prostitución: conversaciones con la chica X

Hace poco conocí a la chica X. Sabes de quién hablo. Tú también la conoces.  La que vive en un piso de Madrid, de Valencia, de un pueblo de Toledo con cinco mil habitantes o cerca de la playa. Es esa que te cruzas en el supermercado, en el gimnasio, la que podría tener la edad de tu hija, de tu hermana mayor o de tu novia, cualquiera de las mujeres que te rodean. Aunque esta, en concreto, tiene 26 años, y esto es lo que me contó de su oficio, la prostitución.

¿Qué clase de protección tienes ante clientes que se niegan a pagar, recurren a la violencia o no quieren marcharse de tu piso?
Yo cobro al principio, si no paga, se va. Varias veces han venido sin dinero o con menos del acordado.
Al último que me hizo eso me dio tanta bronca… Llega y me intenta besar ya en la puerta. Un asco, muy baboso. Le aparto y le llevo a la habitación, le pido el dinero y empieza a tocarse el pene y a intentar manosearme.

Le aparto de nuevo y le pido el dinero nuevamente. Me dice que no tiene. Le grité a mi amiga y entre las dos le echamos. Era un tipo bastante grande físicamente. Le echamos a empujones y una vez en la puerta le golpeamos en la cara.

¿Qué pretendía? ¿Tener sexo sin pagar con una prostituta? Hace poco a mi compañera de piso, un putero le cogió el dinero que le había pagado y se fue corriendo. Le tuvo que amenazar para que volviera a devolver el dinero. Y eso que lo había tratado bien. Yo no me dejo ni tocar, pero ella hace de todo.

Encontramos el lugar donde trabajaba, y se asustó. Cuando regresó le grabamos con el móvil. El hombre parecía un gato asustado corriendo por todos lados. Ella le partió un palo de la escoba en la cabeza. Se lo merecía. Se fue llorando. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué robarle a una prostituta a la que acabas de follar?

¿Ha cambiado tu percepción de los hombres?
Sí, de ver tantas fotos de parejitas o con hijos. Me dan asco. Cada vez que veo a la típica pareja con hijos pequeños en la calle me lo imagino a él de putero. ¿Cómo puedes hacerle eso a tu pareja? Premeditadamente, pagando, buscando. No tienen respeto ni por ellos ni por las personas que tienen al lado. ¿Cómo puedes formar una familia así, bajo la mentira?

¿Cómo vas a educar a tu hijo si eres un mentiroso de serie? ¿Acostarte mirando a los ojos a tu pareja después de haber estado con otra persona? Muchos de ellos son bisexuales, contratan prostitutos incluso.
Aparte no hay más que ver sus móviles y las búsquedas que hacen en internet.

Estoy bloqueada a nivel sexual, no siento deseo, me cuesta hasta con un chico que me gusta. Imagina con los puteros. Nulo. Se excitan hasta con animales. A mi compañera de piso le han preguntado si su cachorro participaba. ¿Cómo se puede estar tan enfermo?


¿Has vuelto a coincidir con tus clientes en otros contextos?
Yo olvido sus caras enseguida, no los recordaría, pero ellos si se acuerdan de mí. Están en todas partes, médicos, políticos, policías, guardias civiles, tipos en el paro, etc. Si he coincidido con ellos no me habré enterado. Creo que si veo alguno con la novia me reiría y le haría sentir mal si ha sido maleducado conmigo.

¿Cómo te ves dentro de diez años?
La idea del suicidio ronda a veces mi cabeza, con más o menos fuerza. Si sigo metida en esto terminaré haciéndolo. No sé, no me veo dentro de diez años. A veces me gustaría poder ver el futuro y saber si estaré viva o no. Todo lo que he tenido que aguantar… No sé. Intento reprimirlo pero ahí está.

¿Tus ingresos te permiten ahorrar/vivir con comodidad o es un oficio que solo te permite vivir al día?
En mi caso no obtengo mucho, pago el alquiler, las facturas y poco más. Pero mi compañera, la yonki, en dos días hace 800 euros y se los gasta en fiesta o de compras, en tonterías. Hay personas que tienen un imán para los puteros y otras que no. Si yo ganara lo que gana ella, podría cumplir mis metas enseguida.
Como dice el dicho “Dios le da pan a quien no tiene dientes”.

¿Ves relación entre la prostitución y el machismo?
Más que machismo creo que es una enfermedad mental, hay hombres machistas que no pagan por sexo.
Un hombre que paga por sexo no está bien de la cabeza. Hay chicos de 18 años que ya están pagando por sexo, ¿qué les espera para los 50? Todo el mercado sexual está dirigido a hombres. Estuve en alguna agencia donde había chicos y el 99% de los clientes eran hombres, casados o con novia.

¿Cómo pueden pedirle sexo a una prostituta sin condón o besos con lengua? Están totalmente locos. Tienen una noción distorsionada de la realidad. Incluso te piden abrazos. Las carencias afectivas no se solucionan pagando. Si no puedes generar emociones en personas libres, no esperes que pagando alguien vaya a sentir algo por ti.

Es un encuentro entre personas con problemas mentales, ellos y nosotras. Aunque entre nosotras hay de todo, las que estamos por necesidad porque no tenemos otra fuente de ingresos, las que lo hacen por drogas, las que lo hacen por lujos (las pocas las vip) y a otras les da igual, se excitan con todo pero son las menos.

Buscamos cosas diferentes. Nosotras dinero, ellos sexo/compañía. Entre ellos hay puteros ‘normales’, que buscan sexo y nada más, luego están los que cruzan la línea y pretenden encuentros pasionales, como si fueras su amante. Eso es muy agotador mentalmente, y los que se drogan o piden toda clase de porquerías, son los más enfermos.

Duquesa Doslabios.


Fuente
https://blogs.20minutos.es/el-blog-de-lilih-blue/2019/03/02/prostitucion-entrevista-chica-x-puteros/





“Muchos puteros se niegan a usar condón y muchas prostitutas lo aceptan”


Testimonios de prostitución


“Muchos puteros se niegan a usar condón y muchas prostitutas lo aceptan”

DUQUESA DOSLABIOS 21 DE FEBRERO DE 2019

Dentro de la prostitución: conversaciones con la chica X

Hace poco conocí a la chica X. Sabes de quién hablo. Tú también la conoces.  La que vive en un piso de Madrid, de Valencia, de un pueblo de Toledo con cinco mil habitantes o cerca de la playa. Es esa que te cruzas en el supermercado, en el gimnasio, la que podría tener la edad de tu hija, de tu hermana mayor o de tu novia, cualquiera de las mujeres que te rodean. Aunque esta, en concreto, tiene 26 años, y esto es lo que me contó de su oficio, la prostitución.

¿Cuál es el perfil de tus clientes?
No hay un perfil, hay tanto hombres de 18 como de 60. Incluso de 70. Una vez un viejo me dijo “te veo fría”. ¿Y qué esperaba? Prefiero gente joven porque dan menos asco visualmente. Pero con los viejos no tengo sexo, les pongo excusas. Les hago terminar de otras formas. En la ciudad donde estoy ahora hay más hombres mayores de 40 o 50. Pero a la vez a mi compañera de piso le vienen más de 18 a 40. Cada una tiene su público supongo.

¿Has sufrido violencia o maltrato?
Sí, lo conté anteriormente. También puedo agregar los insultos que me llegan a veces, por mensaje, claro. A la cara nadie te dice nada. O incluso amenazas de muerte. Son muy resentidos los puteros. Muchas veces se obsesionan contigo aunque no te conozcan ni hayan estado contigo.

Como es todo clandestino ni siquiera ellos te respetan. “Eres una puta de mierda” te dicen. Pero soy una “puta de mierda” porque tú me pagas. O sea eres parte del problema, ¿no? Y me sorprende que ellos tan adictos a pagar por sexo insulten. Son personas muy infelices.

¿Te han obligado a hacer algo que tú no quisieras?
Hasta hace poco dejaba que me hicieran cosas que me daban asco, como tener sexo con ellos. Sí, suena raro, pero no quiero y si puedo evitarlo lo hago el 99% de las veces.

Llevo más de un mes sin tener penetración con un putero. Les hago terminar de otras formas y si se enfadan me da igual. No puedo más. Mi cabeza no soporta más.

Ahora por 50 euros te exigen de todo. Y muchas hasta por 20 euros lo hacen. Hay que mentir y decir que sí, que te hago de todo, porque si les dices la verdad no vienen y las facturas hay que pagarlas igualmente.

¿Crees que legalizar la prostitución cambiaría algo?
No lo sé, está muy degenerado todo esto. El uso del preservativo, por ejemplo. Muchos puteros se niegan a usarlo y muchas prostitutas lo aceptan. Eso del francés natural que suelen pedir me parece una asquerosidad. Hasta piden eyacular en tu boca o besos negros. Qué locura, ¡lamer culos de puteros!
Incluso piden la penetración sin condón.

Los hombres se educan mirando porno, y creo que todo el porno debería ser de pago. El fin de semana en un fast food vi a unos niños de 10 años con móviles y ahí me di cuenta. Tienen acceso a tanta información, a porno y a cosas sexuales, que así terminan, trastornados como sus padres.

Todas las peticiones asquerosas de los puteros vienen del porno que consumen. Sobre todo desde que salieron los teléfonos con Internet, que pueden ver a escondidas toda clase de contenido que antes no veían en sus ordenadores por miedo.

No sé en qué cambiaría la legalización todo esto, la falta de cuidado, las tarifas bajas o la droga. Corre muchísima droga. ¿Cómo se legisla esto? El putero va a querer seguir drogándose y pidiendo sexo sin condón.




En Twitter hablas de tu compañera de piso que también se dedica a la prostitución, pero está enganchada a las drogas, ¿es algo habitual entre prostitutas?
Muchas consumen. Hay anuncios que ofrecen “fiestas blancas”, porque con un solo putero pueden hacer bastante dinero. De 80 a 100 euros la hora y el putero drogadicto se queda varias horas. A veces incluso días.

Prefieren eso a estar follando con varios tipos al día. Mi compañera se droga porque es una tonta, no puedo decir otra cosa, ellos le ofrecen pero no la obligan. A mí también me han ofrecido y me niego.

¿Te gustaría dedicarte a otra cosa?
Sí, totalmente, estoy en eso. Me parece degradante la prostitución, no se puede defender esto. Creo que solamente la vería válida si una pudiera escoger al hombre con el que se va a acostar, como un ligue pero de pago.

A ninguna mujer le gusta estar con viejos asquerosos, gordos, feos o tipos agresivos. Se me pone la piel de gallina al recordar cuando me penetraban algunos de estos. Me sentía tan mal por dentro…

¿Te han contagiado de alguna enfermedad? ¿Te preocupa que suceda?
A mí por suerte no. Y creo que los puteros a pesar de lo suicidas que son, no se infectan de nada tampoco.
Muchos tienen novia o están casados y piden prácticas de riesgo. O hay una epidemia oculta de VIH o es más difícil contagiarse de una venérea.

Yo pongo condón siempre para todo. Ni los beso ni nada, aunque ellos sí. Te pasan la lengua por el cuerpo y hasta por el culo. No saben separar, una cosa es tu pareja y otra una prostituta.

Aunque me habría gustado escribirlo en un solo post, la conversación con chica X continúa, por lo que dejaré para la próxima semana la continuación de su historia. También puedes leer aquí la primera parte por si te la perdiste.

Duquesa Doslabios.

Fuente
https://blogs.20minutos.es/el-blog-de-lilih-blue/2019/02/21/entrevista-chica-x-prostitucion-puteros/




“Me acuerdo del primer putero que atendí, un pederasta”


Testimonios de prostitución


“Me acuerdo del primer putero que atendí, un pederasta”

DUQUESA DOSLABIOS 17 DE FEBRERO DE 2019

Dentro de la prostitución: conversaciones con la chica X


Hace poco conocí a la chica X. Sabes de quién hablo. Tú también la conoces.  La que vive en un piso de Madrid, de Valencia, de un pueblo de Toledo con cinco mil habitantes o cerca de la playa. Es esa que te cruzas en el supermercado, en el gimnasio, la que podría tener la edad de tu hija, de tu hermana mayor o de tu novia, cualquiera de las mujeres que te rodean. Aunque esta, en concreto, tiene 26 años, y esto es lo que me contó de su oficio, la prostitución.

¿Cómo empezaste en esto? ¿Podrías contarnos tu historia?
Empecé en esto en mi país. Lo hacía en la calle, comencé siendo menor de edad. En mi casa había muchos problemas y me escapé varias veces. Mi casa no era el mejor ambiente para crecer. No veo a mi familia desde hace muchos años.

Me acuerdo del primer putero que atendí. Un viejo al que tuve que masturbar en su coche. Ahora que lo pienso, era un pederasta. Pero a ellos eso les daba igual. Venían a buscarte entre varios, a veces no pasaba nada, otras sí. Una vez me tuve que escapar de un viejo que se había quedado en “modo violador”. Le tuve que apartar varias veces y me fui corriendo del coche porque no se detenía. Hay hombres que se excitan y ya no razonan. Me ha pasado incluso con amigos, o que pensé que lo eran.

Recuerdo los coches pasar, te hacían señas para que te acercaras. La prostitución de la calle debería estar totalmente prohibida por todos los riesgos que corren las chicas allí, a manos de puteros, de “novios proxenetas” y de otras prostitutas. Es un ambiente asqueroso. Y a los puteros les encanta eso, es divertido para ellos ir a buscar prostitutas en la calle. Saben que es ilegal pero van igualmente.

Después de eso terminé en agencias donde te quitaban el 50%. Todas dormíamos en la misma habitación y te cobraban multas por todo: la publicidad, el techo, todo. Al final terminabas prostituyéndote para pagarle la deuda al dueño del chalet. Había muchas menores de edad allí. A mí me rescató un italiano y me trajo a España.

Intento olvidar aquella época, fue la peor de mi vida. No he regresado a mi país, ni pienso hacerlo.




¿Qué es lo más desagradable a lo que te has enfrentado?
En la calle me fui una vez en un coche con varios hombres. No pensé que fuera peligroso y lo fue. No quiero hablar mucho del tema pero bueno ya puedes imaginarte lo que pasó. Cuando se fueron me senté en el borde de la calle, vino la policía por allí y pasó de largo.

Una vez en Benidorm un marroquí, terminó muy rápido. Era eyaculador precoz, le toqué y terminó sin hacer nada. Se puso violento. Pasé mucho miedo también y más sabiendo la fama que tienen. Intentaba empujarlo para que saliera del apartamento, pero me resbalaban las medias de red en el suelo. Le arañé en su cara. Recuerdo mis dedos metidos en sus ojos, se le hundieron. Pensé que iba a quedarse ciego.

Le arañé dentro de la boca. Al final empecé a gritar y se fue. Como tengo las uñas duras creo que le hice daño porque se puso a escupir sangre en la puerta. “No entrará más nadie aquí”, gritaba. Son cosas que pasan a veces.

También vienen hombres muy sucios, con el olor a no sé… cebolla mezclada con ajo que desprenden sus axilas. ¿No se dan cuenta de lo mal que huelen? Te dicen que ya se ducharon antes y es mentira. Una vez tuve que salir a vomitar de lo penetrante que era ese olor.

¿Qué es lo que menos te gusta de tu oficio?
No considero trabajo esto, es un medio para sobrevivir nada más. No terminé de estudiar. Tuve trabajos precarios pero terminaba volviendo a esto. No me gusta estar con gente que me repugna físicamente, pero llega el momento de pagar las facturas y me desespero.

¿Hay algo que te guste?
En algún momento me gustaba algún putero, cuando los veía como personas normales. Luego me di cuenta que están enfermos, tienen una adicción sexual. Se pasan el tiempo viendo webs de prostitutas, buscando una y otra y otra. Basta mirar el móvil de cualquiera de ellos. Un putero que se había mostrado interesado por mí había llamado antes a trece chicas. Yo era la última de la lista. Una semana están contigo y la otra con otra chica. Es una obsesión enfermiza.

Aunque me habría gustado escribirlo en un solo post, la conversación con chica X va para largo, por lo que dejaré para la próxima semana la continuación de su historia.

Duquesa Doslabios.

Fuente: 
https://blogs.20minutos.es/el-blog-de-lilih-blue/2019/02/17/chica-x-entrevista-prostitucion/