Cristal Gelz,
superviviente de trata de personas: «Di a luz y a los 15 días tuve que volver a
trabajar, a prostituirme»
Explotación sexual
Crista Gelz, superviviente gallega de trata de personas: «Di a luz y a los 15 días tuve que volver a trabajar, a prostituirme»
La mujer presenta su libro «Me explotan las pelotas», donde narra cómo fue captada en España por una red de trata y cómo algunas de sus parejas acabaron prostituyéndola
Vigo23 OCT 2026 19:39
Actualizada 25 OCT 2026 1:13
«Me explotan las pelotas» no es un libro cualquiera. Son, como señala en su portada, las «memorias de una mujer migrante entre explotación, maternidad y supervivencia». La autora fue víctima de trata y explotación sexual. Ha tenido que sobrevivir a cuestiones como «dar a luz y a los 15 días tener que volver a prostituirse». Es gallega y se llama Crista Glez. Es uno más de los múltiples nombres inventados que ha tenido en el cuadrilátero vital que el destino le dispuso. Quedo con ella en una céntrica cafetería en Vigo y acude acompañada con dos activistas.
Nacida en Colombia, Crista no entró en la prostitución engañada desde su país. Su historia fue diferente. «Yo llegué a España con 20 años para participar en un acto organizado por la Internacional Socialista. Estaba estudiando Psicología y quería estudiar aquí pero me encontré con un muro de burocracia. A través de una conocida que tenía aquí una familiar me quedé en su casa», relata.
Poco a poco la anfitriona le fue recalcando lo difícil que era ganarse la vida en España. «Un día acabaron llevándome a un bar de copas en la Castellana. Yo pensaba que era solo un sitio para beber. Pensaba que iba a tener un trabajo de camarera. Al día siguiente me llevaron a comprar tacones altos y ropa; se quedaron con mi pasaporte. Al llegar me di cuenta de la realidad; fue algo muy violento para mí. No podía denunciar porque tenía miedo de que me deportaran. Ella me decía que me podían dar propinas; yo no sabían que eran los extras por lo que hacías en la zona de los biombos. Fue muy duro», recuerda Crista.
Fue el primer escalón de una escalera hay un lugar inesperado. En los siguientes peldaños, siempre con el temor por la falta de papeles en regla, la llevaron a Galicia. «Te empiezan a hablar de un sitio donde no piden papeles y donde vas a estar más cómoda. De aquella, la policía de Extranjería se subía al transporte público y te podía detener y acabar en una expulsión del país», recuerda.
Su llegada a los
clubs
Así, fue llegando a los clubs. «Me registraba como si fuese un hotel. No tenía donde vivir, iba de sitio en sitio. Aquí se mueven muchas mafias. Conoces de todo. También acabé en un piso que me marcó. Me quedé embarazada pensando que me iba a retirar de ahí. Yo quería que alguien me salvara. Me daba igual que fuese un viejo de 80 años que un niño de 15», confiesa.
En el libro escribe: «Llegó él y me dio una ilusión falsa. Me hizo creer que podría ser amada de verdad y luego se marchó. Yo quedé (...) con alguien dentro de mí creciendo». En la obra también describe cómo las mafias van rotando a las mujeres de sitio para que no se arraiguen y establezcan contactos con gente que las pueda ayudar a salir.
«Yo sé lo que es tener un hijo bajo el brazo y no tener donde dormir. Buscas el primer sitio donde estar», indica Crista. «Asumí que si me falta algo tengo un 'uniforme' que puedo sacar de inmediato. Fueron muchos años en esto, mucho tiempo pasando por cosas. Me he sentado a comer con la misma persona que se lucraba de mí; me subía a su coche cuando yo muchas veces no tenía ni para el autobús. ¿De dónde sacaba el dinero para el coche? De las 25 mujeres que estábamos ahí sin ventanas. Cuando hay una redada, la policía muestra fotos de las habitaciones donde estaban las mujeres prostituídas. La gente ve las fotos pero no saben qué pasa realmente en ellas. No ven que entra una persona que tiene que compartir la cama de 90 con otras dos más y que en la litera de encima hay otras tres más. Sin luz. Imagínate el ambiente. A ustedes les impacta la imagen; a mí me impacta el recuerdo», expone serena.
La desilusión con sus
parejas
En su escalera personal en la trata el último escalón la recibió con la promesa de una vida mejor, un hombre que acabó siendo su pareja y que acabó proponiéndoles que se prostituyera. «¿Cómo alguien puede ir y llevar a la mujer que ama a un sitio de venta de sexo», se pregunta.
A pesar de esa situación, no era consciente de que era víctima de trata. «Lo tienen tan normalizado que no se reconocen como víctimas. Con Crista llevamos un año trabajando una vez ella se dio cuenta de su situación. Pero hubo otro año anterior hablando con ella desde el respeto, esperando a escuchar qué nos quería contar. En su caso estaba en riesgo, era víctima de un delito», señala Alma Salazar.
La activista Ángela Flores señala del libro que ofrece «un relato muy crudo y directo. Es explícito. Busca llamar la atención a las banderas rojas ante lo que sucede delante de nuestras narices. Va muy ligado a la experiencia de la autora y a la descripción del mercado de una víctima de trata. Eso no es un trabajo, es un delito».
Cómo ayudar desde la
ciudadanía
Como ciudadanía, ¿cuáles son las líneas rojas ante las que debemos estar atentas? «Las señales que me pueden indicar que algo que está ocurriendo en un lugar y no está bien pueden ser varias. La principal es ver chicas bajar de un piso, hombres diferentes entrar en él. La gente no puede verlo como algo normal; es un delito. En el caso de Cristal, en el libro, vemos que bajaba y subía embarazada a un piso donde entraba y salía mucha gente. Los vecinos la saludaban; se encontraban con ella en el supermercado... pero nadie levantó el teléfono para decir que algo pasaba allí», detalla Flores.
Señalan que aunque España carece de una ley contra la trata de personas, sí hay medidas para luchar contra ella y ayudar. El primer paso puede ser con una llamada o un mail al 900 10 50 90 (de la Policía Nacional para la atención especializada a víctimas de trata), a los mails trata@policia.es o trata@guardiacivil.org, así como al número 900 759 759.
Los hombres también
son víctimas de trata
Flores agrega que «la mayoría de las víctimas de trata son mujeres pero también hay hombres y niños, así como gente del colectivo LGTB. Queremos visibilizarlo porque lo que no se nombra no existe. Este delito de trata de personas sucede en España, Galicia y Vigo. Puede estar sucediendo al lado de tu casa. Puede acontecer en el piso de enfrente. El propósito de la escritora es que se conozca porque la trata de personas no conoce fronteras, ni de status social ni de sexo».
Cristal añade que «si tengo una amiga, no le voy a presentar a nadie que la va a explotar. Si tú me quieres mucho no me vas a presentar a tu hermano violento que le ha pegado a todas sus novias o le he pegado a tu madre. De ahí, la frase 'si es para eso no las traigas'».
Agrega que el «precio que pagas no solo es durante el tiempo que permaneces en la red de trata, el precio lo sigues pagando después». En su caso, además de las secuelas psicológicas, le quedó paralizada una parte del cuerpo, tuvieron que extraerle el útero, le nacieron tumores en ganglios...
Fuente
https://www.farodevigo.es/sociedad/2026/10/23/cristal-gelz-superviviente-trata-personas-libro-me-explotan-las-pelotas-135678566.html

