miércoles, 17 de enero de 2018

Ionela Olguta Pantelimon, la víctima del feminicidio por trata que no fue

Ionela Olguta Pantelimon, la víctima del feminicidio por trata que no fue

Amelia Tiganus
Pese a que valoramos incluirla en el listado de feminicidios y otros asesinatos de mujeres documentados por Feminicidio.net en 2016, no fue asesinada. Su caso no será considerado un feminicidio por trata pero murió ahogada el 4 de diciembre pasado en el sótano de un prostíbulo de Estepona, debido a que las lluvias torrenciales inundaron el local. Pudo haber sido víctima de trata y haber sido encerrada por el proxeneta y dueño del prostíbulo, quien desmintió esta hipótesis en su declaración policial. En este artículo, Amelia Tiganus pone su mirada en el sistema prostitucional, al que considera responsable de la muerte de Ionela.

Amelia Tiganus – Feminicidio.net – 17/12/2016


Murió ahogada. Quizás nunca sabremos del todo qué ocurrió con Ionela Olguta Pantelimon (Rumanía, Braila,12.01.1993). Leyendo la prensa española y rumana encontré varias contradicciones en la información difundida. Los medios publicaron que el dueño del prostíbulo fue detenido. Las noticias también señalaban que una amiga de la fallecida hizo una llamada de socorro y avisó a Emergencias que Ionela necesitaba ser rescatada de la inundación provocada por las lluvias. Otras, que la llamada la hizo la encargada del prostíbulo, Natalia, una mujer de origen paraguayo de 31 años, pareja de Francisco Carrasco, de 60 años y muy conocido en la zona por ser el dueño de varios prostíbulos, entre ellos el Club California. Quizás ahora comprendo mejor porque el día que vi en las noticias a la supuesta amiga que fue la última en hablar con la joven rumana, me quedé muy sorprendida con sus palabras. Tuve la impresión de que sólo salía para defender al dueño del club y la legalización de la prostitución. Ponía mucho empeño en hacer ver que el proxeneta era una persona noble que permitió que Ionela durmiera allí porque no conseguía alquilar un piso sin tener un trabajo regulado. Como si tener un trabajo fuese garantía de poder alquilar un piso. Me pregunté por qué lo haría Natalia. Porque si su amiga acababa de ahogarse y fue la última en hablar con ella: ¿su discurso iba encaminado a disculpar al proxeneta? Pensé que igual lo hacía por miedo, por presiones externas, por sentirse identificada con un “tratante”. Todo era muy raro. Pero también pienso que igual fue por intereses comunes y por amor. No niego su posible complicidad desde la opresión. Ni tampoco la juzgo.

Angel Soto con una prostituta. Picasso. 1901

Vecinos de la zona también afirman que la chica rumana llevaba varios meses durmiendo en el prostíbulo mientras el dueño del club y su pareja declararon que Ionela dormía en el local desde hacía cuatro días. Según algunas noticias estaba encerrada (como lo estuve yo cuando me secuestraban el pasaporte). No pudo abrir la puerta por la presión que ejercía el agua. O no encontró las llaves de la puerta. O no alcanzó a abrir alguna ventana que tenía el prostíbulo.

Sé por experiencia propia que es muy difícil conseguir una plaza en un club de Estepona, Málaga, Andalucía, zona con un enorme consumo de prostitución. Como prostituta “libre” intenté acceder a alguno de estos clubes que se consideran apetecibles dentro del círculo de las prostitutas debido que las ganancias pueden llegar a ser altas… Nunca me dieron una plaza y siempre me decían que debía ir recomendada. A cierto tipo de prostíbulos se accede únicamente a base de “amistades” del sistema prostitucional. La mayor parte del dinero de la explotación de nuestros cuerpos va al bolsillo de los proxenetas. Pero en este caso me refiero a que hay jerarquías y clases de prostíbulos. Y que en ciertos prostíbulos de esta zona, trabajar allí significa que hay que pagar un precio más alto que va a parar a algunos bolsillos de círculos determinados, no sólo el bolsillo del proxeneta. No vale cualquier tío o contacto amigo. Tiene que tratarse de un cliente vinculado al poder político. O un policía. O un funcionario de Hacienda. En el mundo de la prostitución ellos se ponen de acuerdo para disfrazar de legalidad la institución masculina más antigua del patriarcado. No debemos perder de vista que el Estado patriarcal y proxeneta pone el marco.

Según la prensa rumana, Ionela fue captada hace cuatro años por Lica, un hombre de 42 años, vecino de Braila. Primero la llevó a Inglaterra y luego la trajo a España, aquí ejercía la prostitución desde hacía tres años. La historia de Ionela es la de cientos de miles, tal vez millones de mujeres en el mundo. Nacida en una familia de clase media baja, era la mayor de dos hermanas, una buena estudiante que sentía una especial devoción por su hermana pequeña. Sus progenitores, Nicu y Nicoleta Pantelimon, nunca estuvieron de acuerdo con la relación que mantenía su hija con un “loverboy” ni con el hecho de que se fuera del país. Desde que conoció a este hombre la relación con su familia se fue enfriando, hasta el punto de perder todo contacto. También cerró su cuenta de Facebook. Esto ocurre con frecuencia, los tratantes ponen su empeño en que su víctima dependa totalmente de ellos. Hasta donde pude leer en las noticias, la familia no tenía dinero para repatriar el cuerpo de su hija: somos desechos del Estado patriarcal hasta después de la muerte.

En el mundo de la prostitución se hacía llamar Alicia (Ali) y las personas que la conocían cuentan que la joven deseaba alquilar un piso en España para traer a su marido. La ilusionaba poder vivir algún día una vida tranquila, lejos de la prostitución. Según algunas noticias, su pareja rumana la tenía amenazada con contarle a su familia que era una puta si no le entregaba a él todo el dinero que ganaba. Mientras tanto, Lica, el tratante de Ionela, jura y perjura que no sabía nada de lo que la joven hacía para conseguir el dinero que esta le mandaba.

El proxeneta español también declaró que no sabe nada de lo que cobraba la mujer y que él sólo se limitaba a facturar las copas de los puteros. Lo demás parece ser que le es ajeno…
¿Alguien cree que los cinco millones de euros que mueve la prostitución al día en España quedan en manos de las mujeres que se prostituyen?

Ionela fue víctima de trata y de explotación sexual. Víctima del sistema prostitucional y de la indiferencia social española que permite que sus carreteras estén plagadas de locales donde sus machos nos someten y se enriquecen con nuestros cuerpos. Víctima de un Estado proxeneta que engrosa su Producto Interior Bruto con la desesperación de las mujeres de países más pobres. Víctima de un mundo patriarcal que nos roba a las mujeres cualquier oportunidad del derecho a vivir una vida digna.

La prostituta y su amante. Jampiris

La prostitución también es un campo de concentración que mata mujeres.

España coloniza nuestros cuerpos a través del Estado proxeneta y son vuestros puteros los que hacen posible que las otras existamos para acabar siendo rentables y desechables. ¿Qué hacemos con eso?
Debió haber sido la 97 del listado de casos documentados por Feminicidio.net en 2016 pero no fue asesinada. Su caso no será considerado un feminicidio por trata.

Ionela Olguta Pantelimon es una nadie más. Tenía 23 años cuando murió sola y abandonada el 4 de diciembre pasado, en el sótano de un prostíbulo de Andalucía.


http://feminicidio.net/articulo/ionela-olguta-pantelimon-la-v%C3%ADctima-del-feminicidio-trata-no-fue



Testimonio de prostitución




“En los prostíbulos los hombres que ejercen el poder toman decisiones libres de feminismo”

Amelia Tiganus, superviviente de trata y activista en Femenicidio.net.
19 de diciembre de 2017, por Gloria López

Amelia Tiganus (Rumanía, 1984) es una superviviente. Sobrevivió a la prostitución, al silencio y a un ideal de felicidad que ella sintió como “morir en vida”, sabiendo que muchas mujeres viven bajo la esclavitud sexual. Actualmente es activista de feminicidio.net e impulsora de ‘La revuelta de las putas’. Sobre todo habla, habla mucho y bien. Habla para sanar, para denunciar que su historia no es personal, sino que es la historia de todas las mujeres, para visibilizar el calvario que sufren las mujeres en el sistema prostitucional y la complicidad de la sociedad y del “Estado proxeneta”.
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Amelia Tiganus
--Te vendieron por 300 euros a un proxeneta y, sin embargo, tardaste años en darte cuenta de que habías sido víctima de trata.

En ningún momento me identifiqué como víctima de trata porque me habían convencido de que era lo que yo quería hacer y además, de que era lo mejor que podía hacer. Estaba en una situación muy vulnerable, bajo el estigma de la puta desde que sufrí una violación múltiple a los 14 años. Me convencieron de que la prostitución era un trabajo que me iba hacer rica en dos años. Esta historia se basa en la idea patriarcal de lo que es el consentimiento y en el engaño. Pasé por más de 40 prostíbulos distribuidos por todo el Estado español, porque los proxenetas trabajan en red para qué las putas estén nuevas, disponibles, ya que saben que los clientes pagan porque el producto sea variado y nuevo. Sufrí violencia sexual, se quedaron con el dinero que ganaba.

--¿Y cómo saliste?

Cuando asumí que todo eso era mentira. Que no me iba hacer rica, que tenía que ser consciente de que no me iba a llevar nada. Había intentado durante cinco años encontrar apoyo, pero no lo logré. Me costaba mucho asumir que tenía que salir de allí sin nada, psicológicamente afectada, a pesar de que tuve la suerte de no enfermar de gravedad. Cuando asumí que iba a ser pobre y no iba a sacar nada de todo aquello, logré salir. Tuve la suerte de encontrar un trabajo, en hostelería, en el que estuve durante 10 años y que ahora he dejado para dedicarme al activismo. Fue duro, la sociedad no estaba preparada para acogerme, ni para asumir la reparación, ni para darme comprensión.

“En una situación de vulnerabilidad el consentimiento deja de existir”
--Antes hablabas de la concepción patriarcal del consentimiento, ¿a qué te refieres?

No hay que confundir el consentimiento -que además en una situación de vulnerabilidad deja de existir-, con la resignación. Las mujeres sentimos mucha culpa cuando somos víctimas de violencia sexual, porque no lo tenemos claro. En los talleres que imparto en centros educativos, he podido constatar que las adolescentes sufren mucha violencia sexual incluso por parte de sus parejas y, a veces, no saben identificarla. Yo les digo que lo más seguro es pensar desde la emoción: ¿lo he deseado?; todas tenemos la capacidad de reconocer si lo hemos deseado o no. Esto choca con la imagen de la “víctima perfecta” que exige el patriarcado. El lema “no es no” yo lo cambiaría por “si no es un sí, es un no”.

Las mujeres que ejercen la prostitución están invisibilizadas. Sin embargo, no se reduce la cantidad de hombres de todos los sectores y de todas las esferas de poder que “se van de putas”. ¿Hay alguna relación?

El neoliberalismo lo que hace es justificar la violencia sexual dentro del prostíbulo porque es previo pago. Esa violencia sexual se entrena en ese espacio seguro que son los prostíbulos, en ese espacio de ocio, donde los hombres que ejercen el poder -policías, jueces, políticos, etcétera-, toman decisiones libres de feminismo, donde las mujeres no tenemos acceso.

Argumentos en el debate de la prostitución
--¿Qué argumentos deberían estar en el centro del debate de la prostitución?

Me parece vergonzoso que en el Estado español, con los índices tan altos de consumo de prostitución, siendo uno de los países en los que existe más trata, cuyo Estado se ha comprometido para luchar contra ella, estemos hablando de “trabajo sexual”. Es un acto de crueldad hacia las más invisibilizadas, que somos las mujeres migrantes, que venimos de países más pobres, que somos las más vulnerables y las que el neoliberalismo pone a disposición de los puteros. No hay que olvidar el componente colonialista, el componente racista, que hace que el putero español tenga a su disposición rumanas, paraguayas, nigerianas, colombianas, para elegir. Necesitamos una ley para reparar y defender a las víctimas.
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Por otro lado, la cuestión de la demanda tiene que estar en el centro del debate porque nos tiene que preocupar mucho qué excita a los hombres que están a nuestro alrededor. Teniendo en cuenta que se educa en la pornografía y que no saben diferenciar entre fantasía y realidad porque así se da en la sociedad, donde todo está hipersexualizado. La prostitución es el lugar ideal para llevar a cabo esa sexualidad patriarcal, de dominación, de violencia sexual.

--Cuando hablas de poner la cuestión de la demanda en el centro, ¿te refieres al aspecto punitivo o a más elementos?

Hay que plantearlo de un modo integral. Siempre planteo el cierre de los prostíbulos, porque no podemos sostener que en una sociedad supuestamente igualitaria existan esos espacios, donde las mujeres quedan excluidas y los hombres pueden seguir ejerciendo esa dominación patriarcal sobre el cuerpo de algunas.

Si miramos la prostitución desde el punto de vista de la demanda, vemos que prostitución y explotación sexual son dos realidades que se solapan. Es muy difícil ver dónde está la línea. Por un lado, no siempre es fácil identificarse como víctima si no respondes a la imagen de “víctima perfecta” de los casos extremos de trata, los que más se ven en los medios de comunicación. Además, la demanda de prostitución hace que existan mujeres víctimas de trata.



Estado proxeneta
--En tu escrito ‘La revuelta de las putas’ hablas de muchos tipos de violencia dentro de la prostitución: la sexual, la física, la psicológica y también la violencia institucional. Dices que el Estado español es un Estado proxeneta.

Si, son muchos tipos de violencia: violencia simbólica, sexual, psicológica, económica, sociocultural, institucional… Nos sentimos desamparadas, no nos acompañan, ni nos cuidan, no sólo desde el punto de vista económico, sino para facilitarnos formación y que podamos trabajar en otros lugares, tampoco garantizan nuestra reparación. Creo que los estados necesitan trabajar en red porque también necesitamos protección para nuestras familias que están en el país de origen. También está la violencia feminicida y más allá del asesinato, porque incluso después de asesinadas ni siquiera se nos reconoce como víctimas de violencia de género.
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El Estado proxeneta se lucra con la explotación sexual de las mujeres que mayoritariamente somos mujeres migradas de países empobrecidos por este primer mundo, y, maquilla los datos de la violencia al obviar a las mujeres de otros países más pobres.

--Garantizar la protección, la reparación, los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución, requeriría un enfoque distinto de la inmigración, no de cierre de fronteras ni persecución del delito, sino de dar prioridad a los derechos humanos.

Claro, por un lado, cuando se habla de víctimas de trata no hay un solo perfil. La sociedad no sabe qué es trata, existe una vulnerabilidad muy grande de estas mujeres. La gente no quiere saber más, porque saber más implica actuar. Existe un estereotipo de las mujeres víctimas de trata, una imagen de mujer engañada por una red de traficantes y explotadores, forzada y encerrada, con ataduras físicas. Estos casos existen, pero son una ínfima parte.

Los casos de trata se están abordando como una cuestión de extranjería, como un delito que tiene que ver con la protección de sus fronteras, no como un delito contra los derechos humanos de las mujeres y niñas. El Estado sigue tratando a las víctimas como extranjeras sospechosas de algún delito. Creo que el movimiento feminista tiene una deuda con ellas y tenemos que luchar contra esta violencia atroz.




La necesidad de hablar
--¿Cómo decides hablar y que supone esto para ti?

Lo que estoy haciendo me sana las heridas y me da fuerza. En el camino me he encontrado a muchas mujeres como yo, que han salido de la prostitución en el más absoluto silencio. Y necesitamos empoderarnos personal y colectivamente. Después de salir, se nos silencia a través del estigma y a través de un discurso que contribuye a sostener la industria del sexo. No se cuestiona nada de fondo. Me encontré a muchas organizaciones y personas que decían “que hablen ellas” (las putas), como si fuera una cosa nuestra, no de toda la sociedad. Y entendí que mi obligación ética debía intentar dar voz a quienes no la tienen porque viven en un campo de concentración (prostíbulos). Es muy difícil, desconociendo tus derechos y cuando te han repetido que no vales nada, articular un discurso para defender los derechos que desconoces.

No podía quedar callada. He tocado puertas, incluso feministas, que me han dicho que hablemos nosotras, pero que tampoco me han dejado hablar. Las prostitutas no somos un grupo homogéneo. Mi discurso no va en contra de las mujeres que dicen que ejercen la prostitución libremente, yo estoy cuestionando todo sistema prostitucional, desde el punto de vista feminista no se me puede tachar de moralista ni nada por el estilo. Y tenemos que salir de ese debate enconado. Sé que mi voz no representa todas las putas, y también sostengo que en este debate y en esta lucha deberíamos tener voz todas las mujeres, putas y no putas.

--Has dicho muchas veces que el feminismo te salvó la vida.

El feminismo me ha dado respuestas para las preguntas que me hacía desde siempre. Me ha ayudado a quitarme la culpa, a entender que mi historia no era sólo personal, por ser Amelia, sino que era social, era la historia de las mujeres. Eso me hizo quitarme el estigma y entender que no era yo quien tenía que avergonzarme, por sentir miedo, sino esos hombres que habían ejercido la violencia sexual sobre mí y me habían deshumanizado. Ellos, los puteros, los proxenetas, el Estado.
Ser víctima no quiere decir más que hay un victimario que es responsable. Ser víctima no quiere decir ser un ser inerte. Si algo hacemos las mujeres en situación de prostitución es ser valientes y luchar. En el actual concepto de víctima desaparece el responsable de esa violencia.

--También en tus escritos valoras el haber tenido un tiempo para pensar, para reflexionar.

Sí, fue un periodo de reflexión. Rehacer tu vida no es casarse y tener hijos para vivir con la culpa. Eso era estar muerta en vida. Despertar fue para mí convertirme en un sujeto político que reclama reparación para que esta injusticia deje de pasar. Yo había conseguido una familia, un trabajo y estabilidad económica, pero no podía quedarme callada y vivir mi felicidad sabiendo que cada día ingresan al mercado de la prostitución un montón de mujeres que van a pasar por lo que yo he pasado. Y una de las cosas que más me motivó fue ver a esta sociedad que calla: los hombres siguen yendo de putas, todo el mundo está encantadísimo con el sistema prostitucional, mientras la vida de las mujeres que están dentro no importan nada.

--¿Cómo va ‘La revuelta de las putas’?

Después de hablar con las compañeras, vimos que es muy necesario que esa revuelta sea de todas las mujeres, para quitar el estigma, para desarrollar una vida digna libre de violencias, para desarrollarnos como seres humanos y que nuestros derechos humanos sean respetados.

Nuestra intención es crear un relato colectivo, pero os necesitamos, a las mujeres y a los hombres. Ellos tienen que posicionarse, o se posicionan con nosotras o son cómplices. La revuelta es una manera de sanar colectivamente también. Hemos creado un grupo, llamado ‘Las Resilentes’ y nos estamos formando y empoderando.

Fotos AmecoPress, cedidas por feminicidio.net

http://www.amecopress.net/spip.php?article16862




domingo, 3 de diciembre de 2017

Fui tratante de mujeres durante más de veinte años. Las compré y vendí como si fueran ganado

Uno de los criminales de la trata desvela cómo funcionan estas redes en España
MANUEL JABOIS
Madrid 11 NOV 2017


En primavera de 2000 llegó al aeropuerto de Madrid la selección nacional femenina de Colombia de taekwondo. 19 chicas que salieron por la puerta en fila india, ataviadas con el chándal oficial (azul, amarillo y rojo) y el escudo de la Federación. No tuvieron problemas con Inmigración pese a ser un vuelo 'caliente'. Contaban con sus visados obtenidos en el consulado de Colombia. Habían presentado sus fichas federativas y, desde luego, tenían la invitación y el programa de la competición que venían a disputar a España. Entre la documentación también contaban con papeles de un gimnasio de artes marciales de Cali en el que habían sido inscritas. Al llegar a Madrid, un autobús las desplazó a Valdepeñas, y allí se cambiaron los chándales por lencería para ser paseadas ante un grupo de hombres antes de ser distribuidas en diferentes clubes de España. En Colombia no existía ninguna federación de artes marciales, las chicas nunca se habían subido a un tatami, el chándal fue encargado por un matón, la invitación y el programa del gimnasio eran una patraña, el entrenador era el hombre que las había captado en Colombia y el proxeneta que las recibió en Barajas había ganado una apuesta a sus socios: conseguir meter el mayor número de mujeres en Madrid para ser prostituidas. 
Como lo consiguió, se quedó con todas las chicas y un BMW. Se trataba de Miguel, el Músico.


Mabel Lozano

"Hola, soy proxeneta". Ese fue el mensaje que recibió la directora Mabel Lozano, activista contra la trata de mujeres (ha realizado dos películas, la última Chicas Nuevas 24 Horas). Lozano esperaba la llamada. La gestión se produjo gracias a la intermediación de José Nieto Barroso, inspector jefe de la Unidad contra Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental (UCRIF). Nieto Barroso llevaba años en contacto con El Músico, que en un momento de su carrera criminal empezó a colaborar con la Policía como 'boquerón', chivato. El Músico fue uno de los primeros grandes jefes de la trata y secuestro de mujeres en España en una década, los 90, en la que el negocio de la prostitución cambió de tercio: de ser los chulos los que proveían a los clubes de mujeres españolas, fueron los propios clubes, a través de una estructura mafiosa con infiltraciones en policía, justicia y política, los que empezaron a 'importar' miles de mujeres extranjeras engañadas. Su larguísima confesión en forma de libro ('El proxeneta', Alrevés, 2017) contrastada con fechas, cifras y comisión de delitos en poder de la UCRIF, es la primera que revela el funcionamiento de la trata y prostitución en España. Un país en el que, según datos del Gobierno, se mueven alrededor de este negocio unos cinco millones de euros al día y fueron identificadas, en 2016, 14.000 víctimas de trata: apenas la tercera parte de las mujeres captadas en sus países de origen por las organizaciones criminales.

"La primera regla que se aprende es a no mirarlas como tuyas, sino como la materia prima de tu negocio. Es importante no involucrarse en su vida más allá de lo necesario (...) Simplemente es una propiedad, como la Coca-Cola que vendes, y hay que tratarla como tal. Si te involucras en su vida o en sus problemas, te puede afectar, porque esa mercancía tiene sentimientos (...) Creamos una forma de vida que se sostiene gracias a la esclavitud, sin siquiera saberlo o pensarlo (...) La trata dio paso a los macroburdeles para los clientes, que no eran otra cosa que cárceles de lujo repletas de miseria, para las mujeres esclavas de un sistema nuevo y cruel. Las convertimos en grandes máquinas expendedoras de dinero", dice Miguel, nombre falso cuyo apodo (El Músico) es real, así como las localizaciones y los sobrenombres del resto de proxenetas, todos aún en activo o encarcelados: Chepas, Dandy, Gallego... "No es un asunto de sexo, es un asunto de coco. Un buen chulo no cobra por follar; lo hace por tener la respuesta adecuada para lo que preocupa a una puta", dice Iceberg Slim en un libro autobiográfico (Pimp, memorias de un chulo, Capitán Swing, 2016).

Debajo de ese mundo regido sin códigos, donde la degradación moral alcanza niveles irreversibles (pura esclavitud: palizas, violaciones, sometimiento a base del terror y la amenaza perpetua sobre sus familias en sus ciudades de origen, visitadas frecuentemente por el captador si la chica no rinde o da problemas) se entronizan hombres como Miguel, el Músico, y se van por el desagüe vidas como la de Lucía, que llegó con 18 años a Madrid, dejando a su hijo en Colombia al cuidado de su madre para trabajar de camarera, pagar su deuda con los tratantes y quedar libre para ahorrar un dinero durante meses que en su país sería una fortuna. Ya en España se le comunicó que tenía que prostituirse. Son reacciones, dice el Músico, "clonadas". Enmudecen. Luego entran en estado de shock y empiezan a llorar. De forma inagotable. Porque saben que no hay vuelta atrás, que se han quedado atrapadas.



En España, según datos del Gobierno, se mueven alrededor de este negocio unos cinco millones de euros al día y fueron identificadas, en 2016, 14.000 víctimas de trata

"Nadie se levanta una mañana y decide ser puta, pero nosotros tenemos la tela de araña perfectamente tejida donde caben las promesas de una vida mejor para ella y los suyos, los halagos que le gusta escuchar y algunas ayudas insignificantes que le presentamos como grandes favores y que ella nos agradece como si lo fueran. En cuanto la mosca pega sus diminutas patitas a la red pringosa, ya le es imposible soltarse. Y ahí se queda. Cazada. Lista (...) La balanza del acuerdo verbal no se inclina a ambos lados por igual. Por eso el supuesto consentimiento de las víctimas no es más que una farsa donde no existen los requisitos éticos imprescindibles en cualquier relación personal, social o laboral (...) Yo surtí, durante años, a doce de los mejores macroburdeles que existen en la actualidad en España. Los llené de esa materia prima que los puteros llaman 'carne fresca', día a día. Y jamás me paré a pensar si la mercancía que yo importaba eran personas como yo. Ellas eran otra cosa. Eran putas".

Asumido el golpe, Lucía hizo de tripas corazón "con enorme disciplina y a destajo". En tres meses consiguió los 6.000 euros del dinero que creía deber a Miguel por sacarla de su país y darle un trabajo. También había pagado cada día los 50 euros que se abonan para poder bajar al salón y ejercer allí. Se presentó en el despacho de su proxeneta con una sonrisa "de satisfacción y felicidad". Miguel hizo cuentas delante de ella y le dijo que ya solo le faltaban 425 euros para cumplir la deuda. La convenció de que dentro de un mes volvieran a hablar, pero necesitaba extender su visado por tres meses en España para poder seguir en el club "ya sin deuda" y ahorrar para volver a su país con dinero para su familia. La extensión del visado es gratuita, pero Miguel le dijo que costaría "apenas" 1.200 euros. Le explicó que con ese visado estaría tranquila en España en caso de una redada. Quieren todas lo mismo, dice Miguel: estar en España legalmente, ahorrar y volver con dinero a sus casas. Por eso Lucía regresó al mes siguiente creyendo la deuda saldada al despacho de Miguel, pero ésta había crecido; el proxeneta sumó un gasto que "había olvidado", el de la pensión diaria: cama y comidas. Sumado todo, incluido lo anterior, Lucía ya debía más dinero que en su primera visita. "Se empezó a morir por dentro", dice Miguel.

Ellas se convertían en un cheque en blanco. El beneficio de su explotación podía superar los doscientos mil euros

Foto Salvador Batalla



Pasaron los meses con nuevas promesas incumplidas, cientos de clientes ("aquí de viene a chupar y follar"), hasta que un día Lucía no apareció en el salón. Tampoco se había escapado ("en este negocio lo más importante es lo que está en la puerta") ni estaba en su cuarto. Finalmente apareció: lo hizo tirada en un charco de sangre en el baño. Se había cortado las venas. La llevaron al hospital, donde le salvaron la vida de milagro. Al regresar días después al club había envejecido veinte años. "Esa mujer mayor que había devorado sin compasión a la joven y bella Lucía dio por hecho que a su deuda interminable se le sumarían las facturas de la ambulancia, el médico, el hospital, las medicinas, la diaria, e incluso una multa por su intento de suicidio". La tuvieron prostituyéndose más tiempo en otro club, éste de Denia, y al cabo de unos meses tuvieron que ingresarla en un hospital psiquiátrico. Había muerto del todo. Nunca volvió a Colombia, nunca supo más de su madre, nunca volvió a ver a su hijo.

El libro que Mabel Lozano ha escrito basándose en decenas de entrevistas con El Músico explica la realidad del mundo de luces de neón y clubes repartidos por todos los pueblos, ciudades y carreteras de España. "Llegamos a ser los propietarios de algunos de los mejores burdeles de España: El Leidys, en Denia; El Glamour, en Córdoba; El Privé, en Tarragona; La Rosa Élite y El Venus, en Valdepeñas; Los Charlys, en Consolación; El Estel, en el Vendrell; El París, en Puerto de Sagunto; El Cuatro Hermanas, en el Puxol; Las Palmeras, en Castellón...". Un mundo a la vista y consumo de todos poblado de mujeres explotadas que llegaban a España de las más diversas maneras, siempre engañadas y después traicionadas, como campeonas de un deporte que en su país no existe para ser destinadas, como mercancía, a un esclavismo que desconocían que existiese en el siglo XXI. En un país, España, en el que no está perseguido penalmente el proxenetismo en todas sus formas, por ejemplo la consentida. Y en el que las víctimas tiene más miedo a la justicia que a sus captores por la amenaza que estos representan sobre sus familias. "Apenas se invertían mil doscientos o mil quinientos euros, todo lo más", resume El Músico. "Pero ellas se convertían en un cheque en blanco. El beneficio de su explotación podía superar los doscientos mil euros. ¡Se hubieran necesitado diez kilos de cocaína para alcanzar la misma cifra que con una sola víctima!".

Fuente

https://politica.elpais.com/politica/2017/11/11/actualidad/1510423180_056582.html?id_externo_rsoc=FB_CC



En los prostíbulos es donde los hombres son hermanos y gozan de su masculinidad

Testimonio de prostitución


"En los prostíbulos es donde los hombres son hermanos y gozan de su masculinidad"

25 de noviembre de 2017

Amelia Tiganus es una superviviente. Sobrevivió a la prostitución y al rechazo de la sociedad cómplice. Ahora no se esconde y reclama justicia

La voz de Amelia Tiganus (Rumanía, 1984) llega cálida y cariñosa, tanto, que a los pocos minutos de descolgar el teléfono una tiene la tentación de darle la vuelta a la entrevista y empezar a confesarle los problemas que le rondan la cabeza y el alma. Amelia debe ser buena amiga. Tiene que serlo. Cómo explicar si no todo lo que hace por tantas personas poniendo cara y voz a un tipo de violencia que sigue en los márgenes de la sociedad: la prostitución y la trata de mujeres.

Amelia sabe de lo que habla. Con 13 años sufrió una violación múltiple que marcaría para siempre su vida. "Me convirtieron en puta sin importarles si yo quería ser médica o profesora". Antes de alcanzar la mayoría de edad estaba viajando desde Rumanía en un autobús que la llevaría a un destino incierto. La habían vendido a un proxeneta español por 300 euros y durante cinco años fue esclavizada en más cuarenta burdeles.

Cuarenta "campos de concentración" en donde entendió que "acostarse con quince hombres en una noche no es un trabajo". Pero Amelia no está hundida, tampoco parece deprimida. Se ha convertido en una voz indispensable contra el proxenetismo y, como secretaria y coordinadora de formación online de feminicidio.net, trabaja para la visibilización de todos los asesinatos de mujeres a manos de hombres en España y en Latinoamérica. También los de las prostitutas. Bienvenidas a esta revuelta. La revuelta de las putas.
 
Amelia Tiganus
Con 17 años te marchaste de tu país para ejercer la prostitución en España pensando que te daría fortuna y la llave de la libertad en poco tiempo. ¿No tuviste el apoyo de nadie que evitase esa tragedia?
Realmente el círculo de amistades desapareció en el momento que se me puso la etiqueta de puta, y eso pasó con 13 años. Me quedé en una situación de absoluta vulnerabilidad en la cual el entorno no supo reaccionar. Digamos que sí recibí algún mensaje de que eso estaba mal, pero no tenía otra salida. Con que te digan que está mal no vale, si no te dan otras opciones.

Te vendieron por 300 euros a un proxeneta y, sin embargo, tardaste años en darte cuenta de que habías sido víctima de trata.
Sí. Primero porque no sabía qué era la trata, y segundo porque me habían hecho pensar, habían creado esa realidad, en la que estaba convencida de que yo decidía. Con el tiempo, al poder analizarlo con muchas más herramientas es cuando yo desarrollo el concepto de la fabricación de la puta. Nos movemos en un entorno muy hostil y violento en el cual nos venden la prostitución como una salvación y una decisión propia. Asumir la identidad de puta como algo con lo que has nacido y para lo que has nacido es un instrumento de supervivencia.

"Asumir la identidad de puta como algo con lo que has nacido es un instrumento de supervivencia"

¿Qué opinas del concepto del consentimiento tan usado estas semanas por el juicio de la violación en San Fermín?
El entorno y la sociedad creen que si tú das tu consentimiento es algo que tú quieres, sin tener en cuenta que el consentimiento queda invalidado siempre y cuando se da en una situación de vulnerabilidad. El concepto de consentimiento es algo muy tramposo. Hay que analizarlo desde un marco patriarcal, que es el mundo en que vivimos.

Hablas de muchos tipos de violencia dentro de la prostitución: la sexual, la física, la psicológica… pero hay una que me interesa especialmente, la violencia institucional. Dices que el Estado español es un estado proxeneta. Explícamelo.
El estado proxeneta es el que, primero, se lucra con la explotación sexual de las mujeres que mayoritariamente somos mujeres migradas de países empobrecidos por este primer mundo, y, segundo, es un estado que pretende alcanzar la igualdad real maquillando los datos (de la violencia) al obviar a las mujeres de otros países más pobres. En vez de crear oportunidades y velar por los derechos humanos de todos los sujetos, creen que las mujeres somos utilizables y reutilizables las veces que podamos producir algo, se nos ve como riqueza. En este momento ni siquiera hay una ley integral contra la trata en el estado español y se están llevando a cabo debates absurdos de si la prostitución es trabajo o no lo es. Necesitamos una ley para reparar y defender a las víctimas, y después incidir en la demanda.

¿Qué sientes cuando escuchas a Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid, hablar de poner "puticlubs con habitaciones cojonudas"?
En este caso escucho la voz del discurso proxeneta.

¿Conociste a políticos puteros?
Sí. Son puteros y son proxenetas.

"Todos los fines de semana, manada tras manada, hacen el mismo ritual de dominación"

¿Y a policías o guardias civiles?
Sí, sí. Están todos metidos. Jueces, fiscales, policías, periodistas. Ahí es donde todos los hombres son hermanos y disfrutan de su masculinidad. En los prostíbulos es donde pueden sentirse hombres de verdad.

Tú haces una clasificación muy interesante de los clientes: los violadores, los maltratadores y, los peores, los puteros majos, los que no te dejan desconectar mentalmente.
Sí, ellos exigen a través de ese acto tu afectividad y el estar presente en cuerpo y alma. Es lo que más me costaba a mí. Es el tipo de putero halagado por la sociedad y parece ser que es único del que hablan ciertos sectores que están a favor de la prostitución y los pintan como hombres normales. Ese es el problema: que son hombres normales que entienden que las mujeres tenemos que estar para ellos.

¿Qué le dirías a esos hombres que están preparando la despedida de soltero de su amigo y que están pensando en irse de putas el fin de semana?
Posiblemente lo que les podría decir ni se molestarían en escucharme porque han sido socializados de una forma que entienden que las mujeres somos objetos de diversión. Lo que tenemos que hacer es señalarlos y ponerlos en el foco del análisis porque tenemos que entender que lo que les excita a esos hombres nos afecta a todas. Estamos muy horrorizadas por lo que ha ocurrido en Pamplona pero todos los fines de semana, manada tras manada, hacen el mismo ritual de dominación y terror sexual a las mujeres que están en estos campos de concentración. Se entrenan en la violencia sexual con las mujeres que están en situación de prostitución para ejercerla con todas nosotras.

Ninguna mujer nace para puta, pero ¿qué pasa con los hombres? ¿Nacen ellos para puteros?
Creo que tampoco, creo que les hacen ser puteros. En estos momentos además de demanda, hay un gran generador de demandas que es la pornografía, que hace que nuestra sexualidad tenga que pasar por el capital sí o sí para el beneficio de unos pocos.

"El consentimiento queda invalidado siempre y cuando se da en una situación de vulnerabilidad"

Reconoces que los mismos argumentos que usan los proxenetas son los que utilizan algunas activistas (regulacionistas) pare referirse  a la prostitución como un trabajo que empodera. ¿Cuáles son?
El más peligroso es cuando se nos dice que nosotras tenemos el control y que a partir de nuestro cuerpo manejamos a los hombres y sacamos dinero. Eso es totalmente perverso porque no se nos dice lo que supone a largo plazo y qué secuelas puede dejar eso. Se frivoliza con las repercusiones que tiene sobre nuestra vida y nuestra salud, física y mental. Creo que ese es el discurso más fácil dentro de la prostitución porque resulta de lo más liviano, para poder llevarlo, creerse que llevas el control sobre esa situación. Pero son unas relaciones completamente desequilibradas donde el poder lo tiene quien pone el dinero y quien paga.



Después de cinco años ejerciendo, abandonas la prostitución. ¿Qué fue antes, el feminismo o la salida del círculo prostitucional? ¿Tuviste contradicciones a la hora de dar un paso al frente y salir del anonimato?
Primero fue la salida de la prostitución y, seis años después, o sea hace cuatro, fue cuando descubrí el feminismo y fue cuando realmente empecé a rehacer mi vida. Rehacer tu vida no es casarse y tener hijos para vivir con la culpa. Para mí es convertirte en un sujeto político que reclama reparación para que esta injusticia deje de pasar. Más que contradicciones tuve un tiempo de reflexión en el que estuve valorando si mi vida, que suponía que era perfecta porque había conseguido una familia, un trabajo y estabilidad económica (algo a lo que he renunciado por el activismo), si eso me compensaba o, si desde mi obligación ética de actuar a través de los conocimientos que tenía, podía apostar más. No podía quedarme callada y vivir mi felicidad sabiendo que cada día ingresan al mercado de la prostitución un montón de mujeres que van a pasar por lo que yo he pasado. Pero lo que más me motivó fue ver a esta sociedad ignorante. Ignorancia que muchas veces pienso que es elegida. Ver que los hombres siguen yendo a putas. Hombre que acaban sus fiestas en el puticlub de al lado que patrocina fiestas populares y que todo el mundo está encantadísimo con el sistema prostitucional, mientras la vida de las mujeres que están dentro pues importa más bien poco.

¿Fue complicado tu integración en la sociedad?
La sociedad no estaba preparada para recibirme y no recibí el apoyo ni mucho menos la atención que necesitaba. Mi suerte fue encontrar un trabajo y resistir en ese trabajo, porque como durante muchos años me habían dicho que no valía para otra cosa, llevé una batalla psicológica muy dura conmigo misma. A partir de ahí, tuve un entorno que supo respetar mis tiempos y que me brindaron la oportunidad de reencontrarme conmigo misma.
Amelia desde hace año y medio eres una cara conocida, muchas personas te leen o te escuchan, ¿qué es lo mejor que has conseguido desde entonces?
Hay más de una mujer que ha salido de la prostitución a través de conocerme. Me gusta, pero a la vez me preocupa porque les obliga a darse de bruces con la realidad y ver que también hay muchísimos problemas de integración. Eso, y que haya hombres puteros arrepentidos, que me han confesado que han sido unos estúpidos y que se han dejado llevar por una dinámica de grupo. Algunos me han dicho que van a intentar trabajar en su grupo de amigos para que esto deje de pasar. Me enorgullece muchísimo.

"UN MUNDO MEJOR PASA POR NO SER CRUELES CON NADIE"
Te declaras constantemente anticapitalista, vegana y un poco "loca de los gatos".
(Risas) Un mundo mejor pasa por no ser crueles con nadie y respetar la vida, no sólo de los animales y de las personas, sino la vida del planeta. Entiendo que mis acciones como mujer blanca europea que vivo, entre comillas, en el primer mundo generan pobreza en otros sitios y el colapso de este planeta.

¿Crees que el feminismo debe apropiarse de ese discurso del ecofeminismo?
A mí me parece que es fundamental pero luego me encuentro con que no todas (las feministas) lo ven así. En el discurso parece que estamos de acuerdo, pero a la hora de cuestionar una misma sus actitudes ya empieza a costar un poquito más. Estamos en ello y por supuesto que urge.

Tú te has replanteado hasta tu heterosexualidad…
Sí. Porque estando del lado de las más oprimidas, escuchando sus relatos, he llegado a pensar cómo es posible que yo me acueste con quien se supone que es el opresor, no a nivel personal, pero a nivel político sí. Y, aparte de eso, creo que es importante cuestionarse cosas siempre, es la única manera que tenemos de avanzar.

La revuelta de las putas acaba de empezar, ¿vais a dar un salto más político?
Estamos creando un grupo llamado ‘Las Resilentes’ y nos estamos formando y empoderando a nivel individual para pasar a ser sujetos políticos. Un grupo de putas indignadas para que tengamos voz en contra del proxenetismo como colectivo. No hay que olvidar que yo, de momento, soy la excepción.


Fuente
http://www.galiciae.com/articulo/sociedad/34-prostibulos-donde-todos-hombres-son-hermanos34/20171125192214018975.amp.html






Soltar las cadenas de la prostitución

Testimonio de prostitución


24 NOV 2017 -
TESTIMONIO

Soltar las cadenas de la prostitución
En el Día Internacional de la No Violencia Hacia la Mujer presentamos el relato de una mujer que logró salir del mundo de la prostitución y la explotación sexual. Un escenario que según ella es la suma de todas las violencias.
Natalia Herrera Durán - @Natal1aH
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“Esta historia empieza como la de muchas otras. Llegué del campo a trabajar como empleada doméstica en una casa de familia en Bogotá. Tenía 12 años. A los 14 conocí a un hombre y por desespero me fui a vivir con él. Con él conocí el maltrato. Me golpeó decenas de veces, me humilló cuando traté de terminar la primaria y un día intentó ahorcarme. Así pasé años amargos, dando tumbos en comisarías de familia y en Medicina Legal, mostrando heridas y moretones.

Mientras buscaba ganarme la vida en una tienda, una clienta me ofreció trabajo atendiendo eventos como mesera. Yo accedí y así conocí la desolación. Durante un año fui secuestrada, violada y mutilada por hombres que pertenecían a un grupo armado. Me vendieron como una cosa y producto de esos abusos quedé en embarazo. Llegué al hospital sin saberlo, pensando que iba a morir de lo mal que me sentía. Tuve la ilusión de que al decir mi cédula saldría reportada como desaparecida. Nada, no apareció nada. Nadie me estaba buscando. Nadie puso un denuncio. No volví a hablar. Cuando salí del hospital casi me mata el desprecio de mi familia, la pobreza, la indolencia.

Con el tiempo y con la angustia de sacar adelante a mi familia, y luego entendí que por los abusos que había vivido, terminé atrapada en la prostitución. Allí me di cuenta de que era como estar secuestrada, pero esta vez frente a la Policía, la Fiscalía y otras instituciones. Un secuestro “normal” para un país que normaliza esta violencia como el “oficio más viejo del mundo”.

En ese camino de dolor conocí a personas que buscaron ayudarme. Personas que me dijeron y explicaron que eso de pelear por mi compañera que estaba endeudada por proxenetas para poder enviarle dinero a su familia era activismo, era defender derechos humanos. Que eso de que no saliéramos de las casas, ni para comprar algo de comer, no era normal. Tan lindas que nos veíamos, maquilladas y entaconadas, pero éramos presas. Algo que no es fácil de identificar. La mayoría contesta que están ahí porque quieren. La mayoría no sabe que es víctima de trata de personas o de inducción a la prostitución.

De hecho, antes de que yo entendiera que esto estaba sucediendo, llegué a creer que me estaban haciendo un favor. Ellos saben las debilidades que uno tiene, las utilizan, las manosean. Saben que uno no tuvo familia o la tuvo y no fue querido o cuidado, saben que debe dinero, que tiene hijos por quien responder. Se hacen amigos o esposos, lo que sea. Todo para asegurar las ganancias diarias de un cuerpo a su lado.

“Las internas”, por ejemplo, que en su mayoría son menores de edad, están confinadas en casas muy bonitas al norte de la ciudad. Son las niñas que no quedan registradas en las planillas de la Alcaldía. Son tratadas como mercancía. Los “clientes” son los tipos bien que no quieren que los vean en las zonas de tolerancia. Si se necesitan diez pocillos, diez pocillos traen de cualquier ciudad. Si se portan mal, las desaparecen. Aunque llegan de otros lados (la mayoría de las mujeres en situación de prostitución en Bogotá vienen de ciudades intermedias y pueblos), tienen, tenemos, historias en común: pobreza extrema, hemos sido abusadas por familiares de niñas, hemos tenido madres adolescentes, familias maltratadoras (si hemos tenido familia), y hemos vivido otras violencias y desprecios.

Conozco chicas que “trabajan” o viven en estratos altos, que han sido operadas, sofisticadas y endeudadas por la industria del sexo. Pero como sobreviviente y activista puedo decir que en este país no existe la “prostituta” o prepago estrato seis, feliz y libre de “ejercer”. Hay mujeres que otros han modelado al antojo de un prototipo, pero detrás de ese rostro o silueta perfecta y glamurosa hay poca educación, pobreza, una familia destrozada, hay violencia sexual durante la infancia. Cuando somos menores de edad, el Estado y la sociedad dicen: “¡Huy, Dios mío, las violaron!”. Pero cuando cumplen 18 años ya son "trabajadoras sexuales independientes" y el Estado dice no tener ninguna responsabilidad. Esas cadenas invisibles duelen.

El turismo extranjero, por ejemplo, está a la cacería de quienes no hayan estado en prostitución, niñas y mujeres campesinas o negras. Yo llegué a la prostitución, por ejemplo, porque respondía al prototipo de mujer campesina, indefensa, delgada, e ingenua. Pusieron precio por mí y una supuesta “amiga” me convenció diciéndome que si yo se lo daba gratis a un novio que me ponía los cachos por qué no iba a cobrar. Luego me enteré de que a ella le habían pagado más de un millón de pesos por venderme. A mí me dieron $300.000 y eso era muchísima plata para alguien que, como yo, ganaba $20.000 por trabajar 12 horas diarias. En el “oficio” algunas veces me obligaron a drogarme porque el cliente quería drogarse en compañía. La industria lo pide y hay que hacerlo, sin importar que sea una mujer que jamás haya oído hablar de eso.

Cuando era “prostituta” no sabía que habían cometido tantos delitos conmigo. Hoy, que ya lo sé, que trato de ser y sentirme sobreviviente me duelen aún más, como me duele la indiferencia de los funcionarios, que juzgan y te culpan de lo que has padecido. Quizás, porque conozco el discurso institucional, la famosa “ruta de atención”, el “protocolo de trata”, todo lo que difícilmente se aplica o llega a las mujeres violentadas. “¿Por qué no olvidas o te callas?”, me dicen. Pero no puedo. Yo no hablo de estas cosas simplemente porque fue un discurso chévere que escuché y me gustó. No. Yo lo he vivido. Lo he visto malvivir de cerquita y espero seguir aportando para que esto cambie”.

*Este relato es de una sobreviviente de trata y explotación sexual que salió del país por amenazas a su vida.


Fuente

https://colombia2020.elespectador.com/pais/soltar-las-cadenas-de-la-prostitucion

Nota: las imágenes están en el original.




Sobrevivir a la prostitución: ‘La violencia me marcó’

Testimonio de prostitución


Sobrevivir a la prostitución: ‘La violencia me marcó’
7/21/2017
Por Alisa Bernard  Publicado originalmente el 14 de julio de 2017

 Traducción del inglés: Atenea Acevedo
Original en inglés: http://crosscut.com/2017/07/seattle-prostitution-survivor-violence-police-sting/
Imagen


​Odio el color marrón. Los moteles tienen cierta predilección por el marrón. Las alfombras son color marrón, las lámparas son color marrón… incluso los marcos de las duchas parecen tener un tono marrón. Pero lo que más odio son los cubrecamas color marrón, delgados como las sábanas de motel con hilos de plástico que sobresalen. Siempre hay uno que va a acabar clavado en tus nalgas.

Cuando fui prostituta pasaba muchas horas contemplando el exterior marrón de un motel barato y popular cerca de la carretera I-5, cerca de Everett. Si tenía suerte, mi proxeneta, una mujer, dejaba pasar una o dos horas entre puteros; eso significaba la oportunidad de intentar no ver el entorno y perderme en algún episodio de Law and Order Special Victims Unit. Después de haberme dado el cuarto o quinto duchazo desinfectante del día, claro.

La prostitución. Pedro Lobos

Era más o menos consciente de la ironía de mi adicción a un programa de televisión como Special Victims Unit, donde la mayoría de las víctimas son mujeres prostituidas como lo era yo. Después de ver un episodio especialmente sangriento, cuando el siguiente putero llamaba a mi puerta invariablemente me invadía un miedo capaz de despertar tensión en mi pecho, una tensión peor a la habitual. No tiene nada de raro: las prostitutas somos el grupo con mayor probabilidad de ser víctimas de homicidio.

Hay un estudio que afirma que, de 1981 a 1990, las mujeres estadounidenses que ejercían la prostitución tenían 18 veces más probabilidades de ser asesinadas que sus contrapartes en el resto del mundo.[i] La verdad es que no sabía quién sería el próximo en tocar esa puerta, la posibilidad de que un putero sea violento nunca cambia. Gary Ridgeway, el asesino de Green River que mató a 48 mujeres y niñas prostituidas en Seattle era putero. También Robert Pickton, Rurik Jutting, Joel Rifkin y un sinfín de asesinos seriales más. No hay diferencia alguna entre el putero promedio de todos los días y estos tipos. No son menos terroríficos y las mujeres que están en la prostitución, como estaba yo, siempre les tienen miedo.

Hacia fines de junio, la Policía de Seattle organizó una operación encubierta para atrapar puteros. De los 138 detenidos por explotación sexual, dos habían cometido delitos sexuales; uno de ellos había sido condenado por pederastia. Uno de los puteros llevaba metadona, otro portaba una pistola, una navaja y un par de esposas. En un estudio,[ii] más de 80% de las prostituidas afirmaron haber sido atacadas físicamente y/o amenazadas con un arma, y casi 70% dijeron haber sido violadas. Las probabilidades no favorecen a la prostituta. Me encantaría dorarles la píldora y decir que no viví violencia, pero no hay forma de edulcorar la realidad. La violencia me marcó y, para ser sincera, es igual con la mayoría de las mujeres y niñas que están en la prostitución.

Si eres putero y estás leyendo mi testimonio, a lo mejor piensas “No soy como esos tipos”. Bueno, te lo diré al oído: si compras sexo eres uno más de los que infunden miedo. Estás alimentando la compraventa de sexo y perpetuando la violencia contra las mujeres, así que eres parte del problema en conjunto. Las únicas personas que se benefician de que compres sexo son los proxenetas y los tratantes. Otro estudio señala que 90% de las mujeres prostituidas ejercen bajo coerción,[iii] así que resulta difícil negar las probabilidades de que un putero haya pagado por acostarse con una víctima de trata en algún momento.

Voy a ser muy clara ante quienes podrían no tener mi experiencia como prostituta: nadie elige prostituirse. No es un trabajo como cualquier otro. Claro que hay algunas autodenominadas trabajadoras sexuales que dirán que sí lo es, pero yo llevo casi cinco años trabajando en la Organización de Sobrevivientes de Prostitución. Mujeres de todo el país, mujeres de todo tipo, raza y orientación, narran violaciones, golpizas y violencia más allá de lo que cualquier medio escrito se atrevería a publicar.

Las opciones que una enfrenta al entrar en la prostitución nunca son muchas ni dan paso a decisiones libres. Siempre está la coerción, ya sea por la pobreza o el proxeneta. La decisión de ejercer es una opción que no es realmente una elección. Si eres como yo y el 65% a 90% de las mujeres que ejercen y han sufrido violencia sexual en la infancia,[iv] elegir la prostitución es tan libre como elegir el lugar donde deseas sufrir tu inevitable y próxima violación.



Las mujeres que, como yo, han pasado por la prostitución no necesitan de estudios o estadísticas que les recuerden lo peligrosos que pueden ser los puteros. Antes de terminar mi primera jornada en aquel motel ya tenía las piernas y los brazos cubiertos de moretones, y sentía dolor en el cuello y el cuero cabelludo de tanto que me habían tironeado del pelo para zarandear mi cabeza. No quiero hablar de la sensación de vacío y muerte que empezó a apoderarse de mi mente. No pasó un día sin encontrarme al menos un putero que actuaba como si no se diera cuenta de los evidentes dolores que yo estaba pasando, o quizás disfrutaba al ser testigo de mi sufrimiento. Los puteros ven a las prostitutas como objetos, no como seres humanos con sentimientos, emociones y vidas más allá de lo que tienen entre las piernas. Eso son los hombres arrestados en la operación encubierta de hace un mes.

Solo pude salir de la prostitución después de un colapso físico y mental. Me tomó casi diez años buscar ayuda para aliviar las pesadillas, los recuerdos traumáticos recurrentes, el insomnio, la depresión y la disociación, es decir, las secuelas que constituyen mi diagnóstico: trastorno de estrés postraumático. Lo cierto es que busqué apoyo y me lo dieron.

No es el caso de todas las mujeres y niñas que lo necesitan. La Oficina de Servicios para la Infancia, la Juventud y la Familia calcula que, en los casos de explotación sexual comercial de niños, entre 50% y 90% logra obtener atención especializada. Sin embargo, aun cuando exista esa atención, dejemos la ingenuidad a un lado: muchas mueren en el intento de salir de la prostitución.



[i] https://academic.oup.com/aje/article/159/8/778/91471/Mortality-in-a-Long-term-Open-Cohort-of-Prostitute

[ii] http://www.prostitutionresearch.com/Farley%26Barkan%201998.pdf

[iii] http://www.prostitutionresearch.com/Prostitution%20Quick%20Facts%2012-21-12.pdf


Fuente

http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/





lunes, 20 de noviembre de 2017

Las lágrimas me corrían por la cara mientras me violaban

Testimonios de Prostitución

Antes que un testimonio de prostitución esto es crónica de violaciones cometidas por los llamados "clientes de prostitución" a los que poco importa si es una niña, su vulnerabilidad, el daño que le causan. Poco les importa que esa violencia extrema destruya y como de costumbre, el Estado presente en mirar para otro lado, en no actuar en defensa de las débiles, cómplice de torturas.
Alberto B Ilieff

Las lágrimas me corrían por la cara mientras me violaban

"Las lágrimas me corrían por la cara mientras me violaban": niña fue ultrajada por 40 hombres tras ser vendida por su mejor amiga
"El dolor era insoportable, pero fue sólo el comienzo", relató una joven al hablar por primera vez sobre el drama que vivió enfrentar cuando apenas tenía 13 años.
Por Christian Monzón
 martes 10 de octubre del 2017

"Las lágrimas me corrían por la cara mientras me violaban": niña fue ultrajada por 40 hombres tras ser vendida por su mejor amiga

Samantha Owens, de 24 años, dio a conocer públicamente la dura infancia que vivió tras ser engañada por su mejor amiga cuando tenía 13 años, hecho que la llevó a ser violada por 40 hombres.

La joven fue detenida el 2012 tras robar en un centro comercial, y al ser llevada a un recinto penal juvenil rompió su silencio sobre el tema, el cual ahora relató públicamente a The Sun.

Todo comenzó cuando ella conoció a Amanda Spencer, dos años mayor que ella, y quien la impulsó a hurtar productos en negocios. Ambas se habían criado en hogares temporales, haciendo buenas migas de inmediato tras conocerse en la vía pública.



"Ella parecía mucho más vieja y más fresca que yo, y pese a que suena tonto, realmente quería que a ella yo le gustara, así que robé algunos dulces en una tienda", señaló.

Tras hacer este tipo de delitos, Spencer le preguntó si quería ganar aún más, mientras le mostró una gran cantidad de billetes. "Ella dijo que podría tener dinero como ella, si yo la ayudaba", expresó.

Su amiga le preguntó si era virgen y Owens le respondió que sí, por lo que ella le dijo que tenía que tener "relaciones sexuales con hombres". Tras esto, la llevó a una casa en donde habían cuatro o cinco adultos, cuyas paredes estaban cubiertas por cuadros de mujeres semidesnudas.

Mis piernas eran como jalea, estaba temblando de miedo, me sentía enfermo, sabiendo lo que estos hombres esperaban de mí.

"Lloré a Amanda que no quería hacerlo, pero ella me sacudió y se fue de la casa", confesó la joven. Tras esto, un hombre la llevó a una pieza mientras se quitaba la ropa. "Mi corazón martillaba mi pecho y las lágrimas corrían por mis mejillas mientras me violaba", señaló.

"El dolor era insoportable, pero fue sólo el comienzo. Me violaron dos veces más antes de que Amanda me recogiera a la mañana siguiente. Después de eso me sentí completamente perdida y rota", manifestó Owens.

Pese al duro momento que vivió, no quería perder la amistad de Spencer, por lo que continuó visitando hogares en donde los hombres la esperaban para violarla. Según reveló, al menos unos 40 hombres la ultrajaron durante todo este tiempo, mientras el dinero se la llevaba la otra mujer con la cual financiaba sus adicciones a las drogas.



El 2012 en tanto, Samantha quedó quedó embarazada y su novio la abandonó. Y mientras robaba productos en una tienda fue detenida por la policía, en donde recién logró darse cuenta del infierno que vivió. "Fue en ese momento cuando me di cuenta de que Amanda no era mi amiga".

Treinta días después, Owens quedó en libertad y la policía comenzó a investigar a Spencer. En mayo de 2014, la mujer aseguró ser inocente de 16 cargos relacionados con prostitución infantil contra Samantha y otras tres víctimas, aunque si admitió que recibió dinero por llevar a las niñas a tener sexo con hombres. La justicia la declaró culpable.

Amanda recibió una pena de 12 años de cárcel, la cual fue aumentada a 15 luego que se sumaran nuevas denuncias en contra de ella. Clave en eso fue Owens, quien se contactó contras mujeres que podrían haber sido víctimas de un hecho similar. Las que contaron que efectivamente también vivieron un calvario, se sumaron a las denuncias. En tanto, cinco hombres fueron hallados culpables de cuatro cargos por prostitución infantil y violación.

Por su parte, Samantha vive con su pequeña hija y dice que por ella lucha para ser fuerte día a día. "Estoy avanzando y quiero olvidar a Amanda Spencer", remató.

Fuente:

https://www.publimetro.cl/cl/estilo-vida/2017/10/10/las-lagrimas-me-corrian-la-cara-me-violaban-nina-fue-ultrajada-40-hombres-tras-vendida-mejor-amiga.html